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Miguel, el hijo de Indurain: "Mi padre me repetía siempre lo de comer, beber y a rueda, pero yo no le hacía ni caso"

Miguel Indurain Jr. no se escondió en la sombra ni se refugió en el apellido. El hijo del cinco veces ganador del Tour de Francia concedió una entrevista a Onda Cero hace años a José Ramón de la Morena en la que repasó con franqueza su etapa como ciclista amateur y la convivencia cotidiana con una leyenda del deporte que en casa es, simplemente, su padre. El ciclista navarro es comparable a Pogacar, que está en la Vuelta.

Un sueño que se cerró solo

Hasta los 21 años, el pelotón profesional fue su horizonte. "Intenté ser ciclista profesional, siempre me gustó, era un trabajo chulo, hasta los 21 años tuve ese objetivo pero vi que no era mi camino y me busqué la vida por otro lado", contó. El paso por el amateur fue el momento en que ese objetivo empezó a encogerse. Las subidas se resistían, el nivel había subido respecto a las categorías inferiores y el rendimiento quedaba lejos de sus expectativas. "En ciclismo amateur me cayeron palos por todos lados. El ritmo era diferente a juvenil, en las subidas me quedaba y no rendía como quería", explicó. Su relación con la bici, en cualquier caso, nunca estuvo marcada por la obsesión. "Me centraba en dar pedales pero no le di demasiado fuerte", reconoció.

El consejo que nunca siguió

En ese recorrido ciclista, el padre estuvo presente a su manera. No con largos discursos ni con análisis técnicos, sino con una fórmula breve que se repitió tantas veces que ya sonaba a ritual. "Siempre me daba el mismo consejo. Me repetía siempre lo de comer, beber y a rueda, pero yo nunca le hacía ni caso", dijo con naturalidad. Porque el campeón navarro no es de los que llenan conversaciones con relatos de sus propias hazañas. "No me ha contado casi ninguna historieta de su carrera, alguna suelta de vez en cuando pero muy poco, nada de forma habitual", apuntó. Hay, con todo, una excepción que quedó grabada. Una etapa con llegada a La Plagne, en la que su padre le narró cómo fue deshaciendo el grupo mientras Zülle cedía. "He visto algún vídeo con él de alguna subida a La Plagne cuando ganó Zülle y me contaba cómo iban cayendo uno a uno subiendo a ritmo, solo recuerdo esa", señaló.

Cuando el padre sube a ritmo

Esa historia en particular caló porque tiene un referente físico directo: lo que ocurre cada vez que padre e hijo suben juntos. "Es la que me gustó porque cuando subo con él siempre vamos a ritmo, no se levanta nunca, siempre ritmo constante, vas con él y se asemeja", describió. El resultado para quien lo acompaña es predecible. "Te pone una marcheta dura y te deja reventado", admitió. Y mientras el compañero de turno sufre, el exciclista navarro mantiene el mismo gesto que tuvo durante años en los Alpes y los Pirineos. "Es muy suyo no cambiar de expresión, no dar signos de debilidad", apuntó.

Llevar el apellido Indurain

Sobre la carga que podría suponer llamarse como él, el hijo fue rotundo. "Uno se acostumbra a ser el hijo de Miguel Indurain, sin presión, no he visto nunca nada negativo. No pesa el apellido Indurain", afirmó. Y cuando se le preguntó por la dimensión histórica de su padre, la respuesta siguió la misma línea. "Sé que mi padre es un referente del ciclismo, pero nunca me ha pesado ser su hijo. Nunca me he sentido incómodo", aseguró. Tampoco se planteó en ningún momento que pudiera replicar lo que aquel corredor construyó a lo largo de una década. "Nunca pensé en llegar a ser como mi padre, es muy difícil, casi imposible", zanjó.

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