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Nuria Rodríguez: "La cifra de ahogamientos es trágica, ya estamos en cifras parecidas a los accidentes de tráfico"

Los 308 fallecidos por ahogamiento registrados en España hasta finales de julio –91 de ellos solo durante ese mes– dibujan una tendencia que preocupa especialmente a los profesionales del salvamento. Para Nuria Rodríguez, presidenta de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (Rfess), no se trata únicamente de una mala estadística: detrás de ella hay conductas de riesgo, falta de prevención y una educación acuática que todavía tiene mucho margen de mejora.

En España, en lo que va de 2026, ya van 308 muertes, 91 de ellas solo en el mes de julio. A la Federación de Salvamento y Socorrismo, ¿Qué les dicen estas cifras?

Nos dicen que estamos en unas cifras trágicas. Eso es lo primero. Estamos en unas cifras que, desde que en 2015 tenemos registro de datos, van evolucionando negativamente. Cada vez hay más ahogados y ya estamos en cifras parecidas a los accidentes de tráfico. Es una situación preocupante.

Aparte de eso, un poco las causas. El perfil de la persona que se ahoga es principalmente un hombre de más de 65 años, que se ahoga en sitios sin vigilancia. Muchas veces estas situaciones son indisposiciones de gente mayor que está en el agua, pasa algo y se produce el ahogamiento.

Pero este año nos llama muchísimo la atención el dato en menores. Es muy llamativo, muy alarmante. No estamos vigilando correctamente a los niños como adultos. Eso es lo que hay que pensar. También hay que tener en cuenta que un despiste mínimo, con poquita agua, a un niño le vale para ahogarse. Se cae boca abajo, no tiene movilidad, no es capaz de ponerse de pie y entonces traga agua rápidamente.

Esto también puede pasar en las personas mayores, que no pueden levantarse, están boca abajo y no pueden reaccionar. Por eso muchas veces tenemos los ahogamientos en menores en esas piscinas privadas: en un momento se te escapa el niño a la piscina, no la tienes cerrada o lo que sea y tenemos una tragedia.

Los socorristas, ¿tienen la sensación desde la Federación de que la gente no os hace caso a las indicaciones o solemos ser obedientes los bañistas?

Aparte de eso que hablábamos, otra de las causas es que el socorrista no tiene autoridad. No multamos y, como no multamo… Hay que pensar que el socorrista nació como un voluntario de Protección Civil o el que estaba en las playas y no se le hacía caso.

Es cierto que cada vez nos estamos profesionalizando más y que lo que buscamos es la prevención de accidentes. Pero también es cierto que la gente no es consciente y no hace caso muchas veces de las indicaciones del socorrista. Desde la indicación de la bandera hasta la indicación hasta que no se tiren de cabeza, que es la lucha total que tenemos. ”Que no os tiréis de cabeza, que no os tiréis en sitios que no conocéis, que hay marea baja, etcétera”. La gente es bastante desobediente. Falta esa educación de decir: hay que hacer caso al socorrista porque vemos que es necesario.

Además, un porcentaje muy alto de ahogamientos se produce cuando no están los socorristas. Entonces, bueno, yo creo que es algo que tenemos que ir corrigiendo, que tenemos que tener más conciencia y ser más obedientes a las indicaciones.

¿Y cómo hacemos eso? ¿Cómo le damos la vuelta a la tortilla y educamos al bañista para que haga caso al socorrista?

Mira, un poco gracias a vosotros, a los medios de comunicación, que nos estáis dando voz para intentar que la tortilla vaya girando poco a poco.

Tenemos sitios, ayuntamientos, que a través de la Policía Local y ya con una cadena de emergencia en condiciones están ayudando para que la gente sea obediente. En cuanto llamas dos veces a la Policía, la gente parece ya empieza a obedecer un poco más.

Entonces sí que tenemos que dar la vuelta. Es una pena decir que tenemos que multar para salvarte la vida, pero es la forma de que hagamos caso. Si no, parece que las cosas no tienen importancia.

Después, cuando ves en la prensa a gente con lesión medular porque se tiró de cabeza piensas, ‘¿por qué no se haría caso?’. Ahí sí que nos damos cuenta de que lo que nosotros decimos vale para algo.

Pero hay muchos ahogamientos y muchas cuestiones que se podían evitar simplemente con lo que te digo, con un poco de educación y, a lo mejor, incluso educación en la escuela. Muchas veces hablamos de que unas horas de primeros auxilios, de consejos de cómo utilizar el medio acuático, etcétera, también servirían para evitar estos accidentes.

¿Cuál es la conducta más irresponsable que ven entre los bañistas?

A ver, hay conductas que yo creo que unas no se saben y otras son irresponsabilidad. Lo de tirarse de cabeza, eso está a la orden del día. También marcharse lejos sin tener capacidades o sin tener mucha destreza acuática.

Y luego, ahora cada vez más, hay que pensar que hay más juguetes acuáticos. Por ejemplo, los hinchables, que no sabemos, pero son bastante peligrosos. Las corrientes los llevan, no nos damos cuenta y no podemos volver.

Luego, por ejemplo, los manguitos, que dan una falsa seguridad en los niños. No deberíamos ponerles nunca manguitos y, sobre todo, de estos hinchables. Deberíamos ponerles chaleco, que es un poco más seguro.

Entonces, estas cuestiones... Hay otra de las cuestiones que quería comentar. Estamos teniendo, y tuvimos varios casos, de que el niño se tira al agua, se cae al agua y vamos detrás. Entonces tenemos dos muertos o dos ahogados en vez de uno. Dos o tres incluso, como ocurrió en Valencia, donde se ahogaron el niño, la madre y la abuela.

Todas estas cuestiones deberíamos tenerlas en cuenta. Son imprudencias que hacemos. Es sentido común. Pero estamos impulsando mucho que llamen a los servicios de emergencia para que puedan ayudar lo antes posible, porque los minutos aquí son muy claves Sobre todo cuando no hay servicios de salvamento y tienen que venir de fuera o lo que sea. Entonces, en caso de que se vea algún accidente, lo primero que hacemos nosotros también es llamar al 112. No es meterse en el agua, sino avisar al compañero.

¿Cree que los bañistas tenemos una falsa sensación de seguridad por el simple hecho de saber que hay un profesional en la playa o en la piscina?

Mira, esa cuestión ya no solo la tenemos en los bañistas. El problema es que también la tenemos, perdón, en los papás de los niños. Piensan: «Bueno, pues el socorrista está en la piscina y ya vigila a su hijo». Y no es así.

Nuestro trabajo principal es la prevención para que no haya rescates. Siempre hablamos de que el mejor rescate es el que no se hace. Entonces, siempre pensamos: el socorrista no puede estar vigilándote a ti directamente. Tiene el trabajo de prevención, el trabajo de vigilancia en general, pero no a tu hijo solamente.

No hay que pensar que porque estemos ahí podemos estar tirados en la toalla y el niño pequeño en el agua. Tendríamos que tener un socorrista cada tres metros. Y ahora creo que las administraciones públicas no tienen dinero para eso. Y no hay personal para eso tampoco.

¿Qué mensaje le gustaría dejar a la gente para que esa cifra de ahogamientos no siga subiendo?

Lo principal que pedimos es sentido común. El medio acuático hay que disfrutarlo con precaución, haciendo caso a los servicios de salvamento y a los carteles y a las banderas. Que acaten las normas y lo que nosotros les digamos y disfruten con precaución, eso es lo que le solicitamos al bañista.

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