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Juan Vidal, inversor: “Lo primero que hay que revisar no es cuánto se gana, sino cuánto queda a final de mes”

El verano suele traer de la mano un aumento del gasto. Vacaciones y algún capricho para salir de una rutina que ya está de nuevo en marcha para la mayoría de españoles con el inicio del mes de septiembre. Para muchas familias es el momento de apretar el cinturón y dejar atrás el descontrol del verano. No solo debería ser así para aquellas personas que vivan apuros económicos sino que la vuelta al trabajo y a la rutina después del verano puede ser también un buen momento para poner en orden las finanzas personales.

Muchas personas, aunque busquen ordenarse, simplemente se fijan en el posible beneficio y la rentabilidad, especialmente de las inversiones que realicen. Sin embargo, hay que ir paso a paso. Antes de pensar en qué invertir, cuánto invertir o qué rentabilidad esperar, Juan Vidal, inversor a largo plazo con 24 años de experiencia, plantea una cuestión mucho más básica: saber exactamente cuánto dinero entra, cuánto sale y qué parte queda disponible cada mes.

La estrategia para invertir: estos son los tres pasos

Antes de lanzarse, pide prudencia: “Lo primero que hay que revisar no es cuánto se gana, sino cuánto queda a final de mes y adónde va”. A su juicio, septiembre ofrece una oportunidad especialmente adecuada para hacer este ejercicio, recuperar la perspectiva sobre el año y establecer una estrategia financiera más ordenada de cara a los próximos meses. Tiene claro que hay tres condiciones que deberían preceder a cualquier decisión de inversión: conocer con claridad los ingresos y gastos, haber eliminado la deuda cara y disponer de un colchón para imprevistos.

Distingue entre la deuda que puede convivir con una estrategia de inversión y aquella que debería tener prioridad absoluta. Una tarjeta que le cobra un interés alto le está quitando cada año más de lo que razonablemente va a ganar invirtiendo”, señala. Por el contrario, considera que una hipoteca a un tipo de interés bajo puede ser compatible con mantener una estrategia de inversión a largo plazo.

El segundo elemento es contar con liquidez suficiente para afrontar imprevistos sin tener que recurrir a las inversiones. La referencia habitual, apunta Vidal, se sitúa entre tres y seis meses de gastos, no de ingresos. “Si una persona vive con 1.800 euros al mes, hablamos de tener entre 5.400 y 10.800 euros disponibles”, ejemplifica. El objetivo no es únicamente financiero, sino también psicológico: disponer de ese margen permite evitar vender inversiones en un momento desfavorable ante un gasto inesperado.

Invertir no solo es para ricos: no exige grandes cantidades

Una vez cubierta esa base, Vidal defiende que el importe inicial es menos importante que la regularidad: “A partir de ahí, se puede empezar con 100 o 200 euros al mes. La cantidad importa menos que la constancia”, afirma. Su recomendación para quien parte de cero es sencilla: automatizar una aportación mensual y hacer que el ahorro se produzca antes de que el dinero quede disponible para el gasto cotidiano. Muchas aplicaciones bancarias en las que se pueden invertir permiten hacer esto mediante un plan de inversión.

“Los años que te faltan no los compensa ningún dinero”, resume Vidal, que considera que el tiempo es uno de los principales activos de cualquier estrategia de inversión orientada al futuro. La propuesta pasa por establecer una cantidad asumible, automatizarla el día del cobro y utilizar el tiempo restante para adquirir conocimientos. “No hace falta hacerlo perfecto desde el principio. Hace falta empezar y no parar”, apunta.

Hay que olvidar la inmediatez

La búsqueda de resultados rápidos es uno de los principales obstáculos que Vidal identifica entre quienes comienzan a invertir. La inmediatez está instaurada en la sociedad actual y se refleja en la inversión. “El corto plazo se ve y el largo plazo no”, explica. La cotización de una empresa aparece constantemente en el móvil, mientras que los objetivos financieros que se encuentran a décadas vista son mucho menos visibles.

Esta diferencia favorece decisiones impulsivas y dificulta mantener una estrategia cuando los mercados atraviesan periodos de volatilidad. Vidal propone cambiar la perspectiva: “Cuando usted compra acciones de una empresa, pasa a ser propietario de un trozo de ella”. Desde esa óptica, el inversor deja de concentrarse exclusivamente en el movimiento diario del precio y puede prestar más atención a la evolución del negocio, sus beneficios y su capacidad para generar ingresos para sus accionistas.“El objetivo no es acertar este trimestre. Es una renta creciente, para siempre”, sostiene.

Por qué es importante septiembre

La filosofía que Vidal plantea para esta vuelta al trabajo puede resumirse en una secuencia sencilla: ordenar las finanzas, crear un colchón, eliminar deuda cara, empezar con una cantidad asumible y mantener la disciplina durante años. Su propia trayectoria refleja ese enfoque. “Llevo 24 años invirtiendo, 19 aplicando lo que aplico hoy y 7 enseñándolo. En ese orden, que es el que importa”, afirma. La vuelta al cole puede ser también una oportunidad para volver a lo básico en materia financiera: saber dónde está el dinero, decidir qué parte se quiere destinar al futuro y construir una estrategia que no dependa de acertar qué hará el mercado mañana.

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