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Una red para fortalecer el mundo fundacional en la España rural

Durante años, muchas pequeñas fundaciones rurales han sostenido actividades sociales y culturales esenciales lejos de los focos y con recursos limitados. Son entidades que mantienen abiertos espacios de convivencia, impulsan proyectos educativos o preservan patrimonio local en territorios donde cada vez quedan menos oportunidades. Con la creación de la nueva Red Ibérica, Fundación Mapfre ha decidido situar a estas organizaciones en el centro de su apuesta de apoyo y fortalecimiento institucional. En un momento en el que buena parte de las conversaciones públicas giran alrededor de la despoblación, la pérdida de oportunidades en el entorno rural o el debilitamiento de los vínculos sociales, la institución ha decidido poner el foco sobre un actor silencioso, pero esencial: las fundaciones pequeñas y medianas que sostienen proyectos culturales y sociales lejos de los grandes centros urbanos.

La entidad acaba de abrir la primera convocatoria de adhesión a esta red, una iniciativa concebida para apoyar a fundaciones independientes de España y Portugal, especialmente aquellas que desarrollan su labor en el oeste peninsular en el ámbito rural. El plazo permanecerá abierto hasta el próximo 29 de mayo y las solicitudes serán evaluadas por orden de llegada. No se trata de una convocatoria competitiva al uso ni de una carrera por captar recursos limitados. La filosofía es otra: detectar organizaciones con capacidad de arraigo territorial y ofrecerles acompañamiento, colaboración y herramientas para reforzar su gestión y garantizar su sostenibilidad futura.

Cohesión social y cultural

Detrás de esta propuesta hay una lectura bastante clara de la realidad. Las fundaciones desempeñan un papel decisivo en la cohesión social y cultural de numerosos territorios. Son, en muchos casos, las encargadas de mantener abiertas actividades educativas, programas de apoyo social, iniciativas culturales o proyectos de conservación patrimonial allí donde la presencia institucional resulta insuficiente o donde la iniciativa privada convencional no encuentra incentivos. Sin embargo, pese a su importancia, muchas de estas entidades sobreviven con estructuras muy limitadas y con dificultades evidentes para profesionalizar su funcionamiento.

Los datos ayudan a entender la magnitud del fenómeno. Según el informe “La Gestión del Talento en el sector de las fundaciones”, elaborado por la Asociación Española de Fundaciones, en España existen más de 10.500 fundaciones activas. Su impacto económico equivale aproximadamente al 2,4% del PIB nacional, una cifra que refleja hasta qué punto este sector forma parte de la estructura social y económica del país. Pero ese peso convive con problemas estructurales que se repiten: financiación inestable, dificultades para atraer talento, escasa capacidad de crecimiento organizativo y limitaciones para medir y ampliar su impacto social.

Ahí es donde Fundación Mapfre quiere intervenir. La Red Ibérica nace precisamente para ofrecer un espacio de cooperación y fortalecimiento institucional. No pretende sustituir la identidad de las fundaciones ni alterar sus fines, sino proporcionar apoyo en cuestiones clave como la gobernanza, la planificación estratégica, la sostenibilidad económica o la profesionalización de equipos y procesos. En otras palabras, ayudar a que proyectos valiosos puedan resistir mejor el paso del tiempo.

La convocatoria está dirigida a fundaciones privadas e independientes, no vinculadas a organizaciones políticas ni empresariales, con fines sociales o culturales y con actividad en territorios afectados por desafíos demográficos. El foco geográfico no es casual. El oeste peninsular concentra buena parte de las zonas golpeadas por el envejecimiento y la pérdida de población. Son lugares con un enorme patrimonio natural y cultural, pero también con menos oportunidades, menos servicios y una creciente fragilidad social.

En muchos de esos municipios, las fundaciones actúan como nodos de convivencia. Organizan actividades para mayores, impulsan programas educativos, mantienen vivos espacios culturales o generan redes de apoyo comunitario. Su trabajo rara vez ocupa titulares, aunque suele tener un efecto directo y tangible en la vida cotidiana de miles de personas.

Voluntad de fortalecimiento

Uno de los elementos más interesantes de esta iniciativa es que no exige a las entidades contar con estructuras consolidadas o grandes equipos profesionales. De hecho, se valorará especialmente la voluntad de fortalecimiento y mejora. El mensaje es claro: no se busca únicamente a organizaciones ya consolidadas, sino también a aquellas que, pese a las dificultades, mantienen capacidad de compromiso y vocación.

La dimensión ibérica del proyecto añade además un componente singular. La red cuenta con el respaldo de la Asociación Española de Fundaciones y del Centro Portugués de Fundações, dos entidades que comparten la idea de que muchos de los desafíos sociales y demográficos que afectan a España y Portugal son similares. La cooperación, especialmente en zonas rurales, puede convertirse así en una herramienta útil para intercambiar experiencias, detectar buenas prácticas y generar nuevas formas de apoyo mutuo.

En un tiempo marcado por la hiperconectividad digital y por la velocidad, conviene recordar que buena parte de la cohesión social sigue dependiendo de estructuras pequeñas y vinculadas al territorio. Fundaciones alejadas del foco, que trabajan donde las necesidades son más persistentes y los recursos suelen ser más escasos.

La apuesta de Fundación Mapfre partede esa convicción: fortalecer a quienes sostienen silenciosamente el tejido social de muchos territorios. Porque detrás de cada fundación que logra mantenerse viva hay una comunidad.

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