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Los libros de la semana: de la prosa hipnótica del Nobel Krasznahorkai a la Sicilia de Valeria Luiselli

«Herscht 07769. La novela bachiana de Florian Herscht», László Krasznahorkai 9/10

Un monumental Premio Nobel sin un solo punto de más

Por Ángeles López

En esta obra, László Krasznahorkai vuelve a abordar el texto como si la novela no fuera un género, sino una potencia natural, una especie de desbordamiento sustantivo, una respiración privativa de él, una corriente que remolca historia, política, música y agujeros cósmicos hasta el borde del síncope. La edición española de Acantilado, traducida por Adan Kovacsics, llega bajo el hálito de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2025, que ha reconocido una producción que reafirma el vigor del arte «en medio del terror apocalíptico». Es realmente difícil pensar en otra sentencia que resulte más adecuada para este presente volumen. El relato transcurre en Kana, un pueblo ficticio situado en Turingia donde la rutina aldeana convive con una paulatina desintegración de la ética, que es cada vez menos furtiva. En ese paisaje aparece Florian Herscht, huérfano ciclópeo, ingenuo, frágil, dotado de una fuerza casi mitológica y de una inocencia que lo vuelve incapaz de reconocer el mal, aunque le roce el hombro.Trabaja para el Jefe, limpiador de grafitis, director de una orquesta local y neonazi arquetípico. Un vehemente fanático que confunde pureza, patria y limpieza en una misma liturgia siniestra. Mientras, el protagonista supone que el verdadero peligro está en otra parte, como es el desequilibrio entre materia y antimateria, en el vacío cuántico, en la posibilidad de que el universo se precipite hacia la más absoluta nada. Por eso mismo escribe una serie de cartas a la entonces canciller alemana Angela Merkel, física de formación, rogándole que se pronuncie.

Tragedia actual

La premisa, así contada, parece chusca e incluso risible, y lo es por momentos. Krasznahorkai sabe que la tragedia actual suele llegar mezclada con burocracia, estulticia, tergiversaciones científicas y pequeñas, pero importantes, humillaciones. Pero bajo esa comicidad transcurre una intuición que es devastadora: Florian teme una catástrofe abstracta porque no puede nombrar el desastre inmediato. El fin de los tiempos no está en las partículas, sino en el vecino, en tu círculo inmediato, en la resignación cobarde de una comunidad que conoce lo que ocurre, pero que prefiere mirar hacia otro lado. Estamos ante una propuesta monumental con más de cuatrocientas páginas sin un solo punto. La formulación no pasa por ser una experimentación, sino el centro medular, y moral, de la novela. La frase única, interminable, provoca una sacudida de continuidad que no se puede abandonar. No existe una respiración, nada se para, y nada se desliga del todo. Así, y sin aliento, ninguna culpa queda aislada. La conciencia de Florian, los bisbiseos del pueblo, las obsesiones del Jefe, los arpegios de Bach, las fieras en el bosque y la negrura del fascismo forman parte de la misma corriente del río. Leer a Krasznahorkai exige atención. Mucha. Aceptar que su sintaxis no es, ni por asomo, representativa de nuestra particular existencia y que tampoco reproduce su presión.

Y aparece Bach. Pero, al contrario de lo que muchos se figurarán, no para sacar pecho de melomanía, ni tampoco como un consuelo confortable, sino como la posibilidad real de que, al final, también exista una forma más elevada de armonía. Florian encuentra en su música algo que el mundo le niega de antemano, pero que es importante y consustancial a las personas: proporción, belleza, matemática. Aunque el autor no es un hombre piadoso, sin embargo, permite que el arte, si no salva, al menos ilumine. Que sea una luciérnaga ante la oscuridad. La novela avanza de esta manera hacia una violencia que algunos críticos han leído como una fantasía de venganza y otros, por el contrario, la consideran más bien como una trampa moral. algo que, precisamente, sucede cuando el inocente descubre el espanto y lo transforma en una fuerza inhumana.

  • Lo mejor: Su prosa hipnótica, que consigue convertir el derrumbe moral europeo en una experiencia física
  • Lo peor: La radical continuidad sintáctica puede volverse extenuante y reiterativa

«Principio, medio, fin», Valeria Luiselli 9/10

Cómo comenzar de nuevo desde la luminosa y catártica Sicilia

Por Jesús Ferrer

La narrativa de Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) se caracteriza por alternar la ficción con la concienciación civil, sin olvidar juegos con la estructura temporal, cierto autobiografismo irónico, un contenido realismo mágico y una ponderada critica social. En «Los ingrávidos» (2011), su primera y sorprendente novela, el fantasma del poeta Gilberto Owen recordaba su juventud en la Nueva York de los años 20 del pasado siglo junto a Lorca. A partir de aquí, y hasta su más reciente «Principio, medio, fin», ha desarrollado una eficaz trayectoria narrativa de gran poder imaginativo y no menor sensibilidad. En esta nueva obra encontramos a una madre recién divorciada y a su hija viajando a Sicilia; la estancia en la isla tendrá un efecto catártico y supondrá el comienzo de una nueva vida junto a una rememoración familiar en busca de las propias identidades.

Relación maternofilial

Al inicio del libro, justificando su título, la joven pregunta a su madre si va a escribir una novela y, al responderle que no está segura, su hija le espetará: «¿Por fin vas a escribir una con principio, medio y fin?». Con este planteamiento va creciendo el interés de la chica por su bisabuela, quien participó en un yacimiento arqueológico antes de emigrar a América. Con un rico anecdotario, profundizando en los ancestros familiares, se va tejiendo una cómplice relación maternofilial. Desde su complicado divorcio, bregando con una adolescente, la madre formula su deseo de escribir sobre ese crucial momento de su vida: «Llevo tiempo repitiéndome a mí misma: lo único que tengo que hacer es resolver qué viene después de una historia tradicional –los padres, los hijos, la casa– y reinventar la narrativa». Una fábula sobre la creación literaria, el paso del tiempo, las relaciones familiares y las circunstancias que pueden cambiar una vida..

  • Lo mejor: La descripción costumbrista de ambientes familiares junto a la rememoración de los queridos antepasados
  • Lo peor: No existe ninguna objeción negativa que hacer de una obra que está bien construida y que tiene un conseguido ritmo narrativo

«Los crímenes del bosque», de Anders de la Motte 9/10

Pura literatura pop para lectores pacientes y amantes del thriller

Por Lluís Fernández

La saga de Leo Asker ya va por la tercera entrega con «Los crímenes del bosque». Para sus numerosos fans será, de nuevo, un reencuentro feliz con esta Unidad de los Casos Perdidos, poblado con desechos policiales a los que la cabezota y fría policía Leo Asker emociona con su entusiasmo. Las novelas de Anders de la Motte son muy similares. Combinan una trama policiaca con otra un tanto extravagante pero efectiva. En «Los crímenes del bosque» siguen los estrafalarios aficionados a la exploración urbana (urbex) de edificios abandonados: la llamada arqueología industrial, capitaneados por el intrépido Matin Hill. En las anteriores obras ya ha sufrido los evites del Reemplazador y del Hombre de Cristal, que le han dejado un trauma severo. En esta investiga una fábrica de turba donde ha sido degollada un joven al viejo estilo vikingo de la Joven Gris encontrada en la turba momificada un siglo atrás.

Ecos mitológicos

Para enredar la trama, a Leo Asker le encargan resolver este caso sucedido diez años atrás a sabiendas de que fracasará. Todo esto envuelto en una ambientación con ecos mitológicos en el Bosque del Óxido. Y, por si faltaba otro personaje perturbador, amenaza con reaparecer el padre de Leo Asker, Per Paranoias. El estilo sigue siendo reposado. Tan sencillo de seguir como los antiguos romances ingenuos, pero efectivo a la hora de crear suspense en los capítulos de acción. Pura literatura pop para lectores pacientes. En cuanto a los personajes, la detective es la figura central: antipática, obsesiva, conflictiva e indiferente a las convenciones sociales. Los demás son apuntes funcionales que responden a los clichés de la novela de misterio con un trasfondo folletinesco superefectivo. Todo cuanto se espera en una obra que avanza con parsimonia hacia un imprevisible final. Muy recomendable.

  • Lo mejor: El reencuentro, como en los mejores folletines de época, con los personajes de las dos mil páginas anteriores de la saga
  • Lo peor: Cierta lentitud narrativa que, aunque es un rasgo de estilo de la novela, para algunos no les ayudará a seguir la historia

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