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Coco Chanel: cuando la moda encontró inspiración en el mundo del caballo

Antes de convertirse en uno de los nombres más influyentes de la moda, Gabrielle Chanel descubrió un universo que marcaría gran parte de su identidad estética: el de los caballos. Las carreras, el polo, la vida en los hipódromos y la elegancia práctica de la indumentaria ecuestre dejaron una huella profunda en una mujer que revolucionó la forma de vestir de varias generaciones.

La relación de Coco Chanel con el mundo ecuestre comenzó a principios del siglo XX, durante su etapa junto a Étienne Balsan, oficial de caballería, heredero francés y gran aficionado a los caballos de carreras. Fue él quien la introdujo en un ambiente reservado hasta entonces a la aristocracia y la alta sociedad europea. Chanel pasó largas temporadas en el Château de Royallieu, cerca de Compiègne, rodeada de jockeys, entrenamientos, caballos y reuniones sociales vinculadas a las carreras.

Mientras la mujer de la época seguía atrapada en corsés imposibles y prendas rígidas, Chanel empezó a fijarse en algo muy distinto: la funcionalidad y la libertad de movimiento de la ropa masculina utilizada para montar a caballo. Las chaquetas cómodas, las líneas limpias, los tejidos resistentes y la naturalidad con la que se vestían los hombres vinculados a la hípica se convirtieron en una fuente de inspiración constante para ella.

El caballo aparecía asociado a una idea de elegancia relajada, alejada de los excesos ornamentales de principios del siglo pasado. Coco Chanel entendió que la sofisticación no tenía por qué estar reñida con la comodidad y comenzó a trasladar esa visión a sus diseños. En aquella etapa conoció también a Arthur "Boy" Capel, jugador de polo británico y uno de los grandes amores de su vida. Capel fue una figura decisiva tanto a nivel sentimental como profesional. Además de apoyar económicamente los inicios de Chanel, compartía con ella el gusto por la estética inglesa vinculada al deporte, el campo y los clubes ecuestres.

La influencia del universo hípico terminó impregnando muchos de los códigos visuales que hoy siguen identificando a la firma Chanel. El matelassé, uno de los acabados más reconocibles de la maison, nació inspirado en las mantas y tejidos acolchados utilizados en el mundo del caballo. Décadas después, ese patrón continuaría presente en algunos de los bolsos más icónicos de la marca.

También el tweed, convertido con el tiempo en uno de los grandes símbolos de Chanel, guarda relación con esa estética británica y ecuestre que fascinaba a Gabrielle. La diseñadora tomó tejidos y prendas tradicionalmente masculinas para reinterpretarlos desde una perspectiva femenina más moderna y funcional.

Coco Chanel mantuvo una estrecha relación con ambientes vinculados a las carreras y al polo. Uno de sus romances más conocidos fue el que mantuvo con el duque de Westminster, considerado una de las grandes figuras de la aristocracia británica y apasionado del mundo ecuestre. Ya en los sesenta, la propia Coco Chanel llegó incluso a ser propietaria de caballos de carreras, asesorada por François Mathet, uno de los entrenadores más prestigiosos de Francia.

Más de medio siglo después de su muerte, la huella ecuestre sigue formando parte del imaginario de Chanel. Desfiles inspirados en amazonas, referencias constantes al polo y campañas ambientadas en escenarios hípicos continúan recordando hasta qué punto el caballo estuvo presente en la vida y en la obra de la diseñadora francesa. El primer desfile de Carlota Casiraghi para la marca en 2022 fue montada a caballo.

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