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Las lágrimas de Manolo González, entrenador del Espanyol: "Ha sido infernal mentalmente"

Dieciocho jornadas. Dieciocho jornadas sin ganar, que en el fútbol y en la vida se hacen larguísimas, y que el Espanyol rompió contra el Athletic con una victoria trabajada y tardía, de las que dejan huella porque llegan cuando el cuerpo ya no las espera. Pere Milla abrió el marcador en el minuto 69 y Kike García sentenció en el 92, y entre esos dos golpes el RCDE Stadium respiró por primera vez en mucho tiempo. Y Manolo González, el entrenador, lloró.

Victoria sufrida

El Athletic tuvo sus opciones y las desperdició de la manera más cruel, golpeando hasta tres veces en los postes, pero el Espanyol fue más certero cuando importaba y se llevó los tres puntos con un 2-0 que nadie discutió al final. Es el primer triunfo blanquiazul en lo que va de 2026, y eso, en las circunstancias actuales, vale mucho más que tres puntos en la tabla.

Manolo González salió al micrófono y llamó a la victoria "un chute de energía muy grande", después de semanas en las que el equipo acumulaba derrotas y empates con una regularidad que empezaba a resultar insostenible. El técnico no escatimó en palabras de agradecimiento hacia sus futbolistas, a los que defendió públicamente pese a los resultados: "Seremos mejores o peores, pero siempre se han dejado la piel", afirmó. Es el argumento que le ha sostenido durante la segunda vuelta, ese fondo de armario moral cuando los resultados no llegaban.

 

Porque González admitió que no ha encontrado explicación para la mala racha, que la situación ha sido "muy jodida" y que el miedo a perder el balón, algo que no existía en la primera vuelta, se instaló en el equipo como un freno que lo paralizó durante semanas. Ese miedo convirtió al Espanyol en un equipo dubitativo, que especulaba cuando debía atacar y que perdía la pelota precisamente por el exceso de precaución con que la trataba. La primera vuelta fue otra cosa, y la diferencia entre ambas mitades de temporada ha resultado difícil de explicar incluso para el entrenador que las ha vivido desde dentro.

Una liberación

La victoria ante el Athletic fue también, según sus propias palabras, "una liberación muy grande", aunque González fue rápido en enfriar cualquier exceso de optimismo porque la permanencia todavía no está sellada matemáticamente. El Espanyol suma 42 puntos y el entrenador calcula que con 43 la salvación podría darse por hecha, lo que significa que un punto más, en cualquier de los partidos que quedan, podría cerrar el capítulo más angustioso de la temporada. González quiere resolverlo cuanto antes y no llegar al último partido en casa, frente a la Real Sociedad, con el descenso todavía en juego.

Para eso, el siguiente paso es Osasuna, y el técnico ya ha marcado la actitud que quiere ver: "Hay que ir a ganar, no a especular ni a verlas venir", afirmó. Es el mensaje contrario al miedo que describe, la apuesta por recuperar la valentía que el equipo mostró en los meses buenos y que le permitió estar en una posición cómoda antes de que llegara la espiral negativa.

González agradeció el respaldo de la afición del RCDE Stadium, aunque reconoció que el descontento de los seguidores es completamente legítimo después de todo lo vivido. Y pidió a los aficionados que esperaran al final del campeonato para expresar sus críticas, mientras el equipo sigue en plena pelea por la categoría. Es una petición de tregua, no de indulgencia, y la diferencia importa.

Infernal mentalmente

Consultado sobre si este período ha sido el más difícil de su carrera, González respondió que ha sido duro incluso "casi en general", y estableció una comparación que dice mucho sobre la dimensión de lo vivido, porque señaló que el único sufrimiento comparable fue el fallecimiento de su tío, que era "como su padre", hace tres años. "Ha sido una segunda vuelta infernal a nivel mental", dijo. Son palabras que van mucho más allá del fútbol y que sitúan la crisis del Espanyol en un plano personal que no siempre se ve desde fuera.

La derrota, mientras tanto, complica al Athletic, que ve alejarse sus opciones europeas en el tramo final de la temporada, y que se marchó de Cornellà con la sensación de haber tenido el partido en la mano sin haber podido cerrarlo. El Espanyol, en cambio, tiene ahora oxígeno, tiene un triunfo y tiene la posibilidad de terminar esto antes de tiempo si mantiene la actitud del sábado.

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