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Venga a tomar el té con nosotros, por Mirko Lauer

La descripción de la realidad geopolítica que hacía Immanuel Wallerstein, cuando todavía existía la Unión Soviética, era más o menos así: un mundo bipolar donde EE. UU. y la URSS se repartían el poder con el argumento de una Guerra Fría. Lo llamaba un sistema-mundo, que en este caso duró desde 1945 hasta la caída del Muro de Berlín, en 1989.

¿Qué están haciendo Donald Trump y Xi Jinping estos días? ¿Su cumbre es un intento de prolongar la Guerra Fría por unos decenios más, gobernando como amigos/enemigos, es decir, como leales competidores? ¿O los temas que los convocan esta semana son crisis urgentes de una nueva situación (un nuevo “sistema-mundo”)?

Para la mayoría de los observadores, los temas son el comercio mundial, la inteligencia artificial, Taiwán, Irán y Ucrania. Lo que más abunda son las guerras en curso y la posibilidad de que ocurran algunas nuevas. Pero el comercio es una guerra que se juega con distintas armas, que luego conducen a las convencionales, tradicionales o nuevas.

Prolongar la Guerra Fría tendría que significar repartirse el mundo, como lo pudieron hacer los aliados triunfantes a partir de la reunión de Yalta en 1945. ¿Tienen Washington y Beijing esa posibilidad? En ese año, toda Europa ya estaba destrozada y las potencias eran dos. Hoy la OTAN, Rusia, India y varios otros deben ser tomados en cuenta.

No es, pues, un mundo fácil de repartir. Además, la primacía científica y económica que EE. UU. ha tenido en los últimos, digamos, 50 o más años hoy se la disputa China en los laboratorios, mercados y mares del mundo. Tanto así que para algunos es más fácil verlos en guerra que en sociedad para dominar el mundo.

Para Trump, esta cumbre es un encargo urgente, pues sus problemas con un Irán levantisco que amenaza la economía mundial en Ormuz están desacreditando su presidencia. China no le va a resolver el problema, pero puede distraer las miradas hacia algún otro lugar que no sea la cuasi derrota de Trump, su pérdida de aliados en Occidente y votos en casa.

Mientras exista tensión entre las dos principales potencias, eso será un problema para países pequeños o medianos, como el Perú. No podemos vivir tomando partido por uno o por el otro, según se presenten las circunstancias.

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