Cincuenta y cinco años de la tarde en la que "Los cuatro jinetes del apoteosis" cambiaron el rumbo del rejoneo en San Isidro
La historia de la plaza de Las Ventas cuenta con fechas que modificaron por completo la estructura de la temporada, y el abono de San Isidro de 1971 firmó una de las más determinantes. Por primera vez se anunció una corrida exclusiva de rejones dentro del ciclo madrileño. La decisión de la empresa respondía al rotundo impacto social y comercial de un grupo de caballistas que la publicidad bautizó como "Los cuatro jinetes del apoteosis": los hermanos Ángel y Rafael Peralta, Álvaro Domecq Romero y el portugués José Samuel Lupi. Este cuarteto, que ya en 1970 había sumado un buen número de actuaciones, logró que un espectáculo que hasta entonces era una mera anécdota otoñal —con apenas cuarenta festejos exclusivos en todo el país en 1969— se convirtiera en un fenómeno de masas.
El acontecimiento, celebrado el 14 de mayo de 1971, estuvo rodeado de una enorme expectación institucional y social. Se reseñó un encierro con cuajo y pitones de la divisa salmantina de Atanasio Fernández, que arrojó un promedio de 529 kilos en la báscula. Al evento anunciaron su asistencia desde una barrera los por entonces Príncipes de España, Juan Carlos y Sofía, acompañados por los reyes Constantino y Ana María de Grecia. Sin embargo, la jornada amaneció con un fuerte temporal de agua que amenazó con la suspensión. La empresa reaccionó con previsión y, también por primera vez en la historia de Las Ventas, el ruedo se cubrió con una gran lona que mantuvo la arena en buen estado para el paseíllo.
A las seis de la tarde, los cuatro caballistas iniciaron la marcha montados en espectaculares caballos tordos y ordenados por su antigüedad profesional. Para añadir mayor vistosidad, los mozos de cuadra vistieron trajes de gala y siguieron a las cuadrillas llevando del ramal al resto de las cabalgaduras, entre las que figuraban nombres históricos de la equitación taurina como "Mexicano" en las filas de Ángel Peralta, y el célebre "Sudeste", la gran estrella de la cuadra de José Samuel Lupi. A pesar de que la corrida de Atanasio Fernández resultó mansurrona y de que la lluvia intermitente dejó la arena en mal estado, los tendidos de la Monumental se llenaron en más de tres cuartas partes de su aforo.
En el plano lidiador, Ángel Peralta asumió el peso del cartel y le cortó las dos orejas al primero de la tarde, haciendo gala de su condición de innovador al poner en práctica suertes de su invención como la de la rosa. Los restantes componentes del cuarteto dieron sendas vueltas al ruedo en sus turnos individuales, acusando los nervios de la responsabilidad y, en el caso de Lupi, sufriendo un fuerte aguacero que provocó que su caballo "Sudeste" se rehusara en varias oportunidades. El triunfo definitivo llegó en el tramo final gracias a las colleras, donde ambas parejas se repartieron cuatro orejas, permitiendo que los cuatro jinetes del apoteosis abandonaran la plaza a hombros a través de la Puerta Grande rumbo a la calle de Alcalá.
La ratificación de Madrid supuso el despegue definitivo del rejoneo moderno en España. A partir de esa tarde, el cartel de los cuatro jinetes se repitió en todas las ferias importantes, logrando que la temporada de 1971 cerrara con un total de 169 espectáculos de rejones en 124 plazas, una cifra cuatro veces superior a la de dos años antes que motivó además un descenso en las novilladas picadas. Al cierre del escalafón, Ángel Peralta figuraba como líder absoluto con 125 actuaciones, batiendo el récord de 121 que Manuel Benítez "El Cordobés" había firmado el año anterior, seguido por su hermano Rafael con 117, Álvaro Domecq con 111 y José Samuel Lupi con 108 tardes.
Este auge sin precedentes llevó a la revista de referencia El Ruedo a publicar un extenso balance bajo el título "Lo del 'número del caballito' pasó a la historia", certificando que el toreo a caballo había ganado su sitio en las ferias por una aceptación masiva e imprevisible del público. Aquel hito de 1971 inauguró la primera Edad de Oro del rejoneo. A partir de entonces, el ruedo de la capital institucionalizó la presencia de la disciplina en mayo con dos y hasta tres corridas por abono, siendo el escenario clave para encumbrar a las siguientes figuras de la especialidad, desde Manuel Vidrié, João Moura y Javier Buendía, hasta la posterior consolidación de Pablo Hermoso de Mendoza y Diego Ventura.