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Tarde de Saltillo sin encuadre: ni bravos ni malos ni triunfo ni fracaso

Venir a Madrid hoy no era un paseo; era vérselas con la corrida de Saltillo, que es un saco de dudas e incertidumbres, pero en la plaza más importante del mundo, en San Isidro y, en muchos casos, con el único cartucho que tienes para quemar. Mucha cera para arder para quien da la vida el año entero por querer ser torero.

Iván García se lo hizo perfecto en la lidia a un primero que apretó en las dos varas y eso ya hacía que Madrid anduviera pendiente del toro. Un par muy en corto y casi en los medios le sopló Fernando Sánchez. Verdad imprimió José Carlos Venegas cuando llegó la hora. El toro tenía cosas buenas porque pasaba, con la cara alta, y también regalaba alguna que otra mirada que Venegas ignoró porque su valor estaba por encima de todo. Y entonces vivió la plenitud de la faena y del toro, y de pronto hasta hubo algún natural con resuello. Buena actuación.

Muy ancho de sienes y cornamenta fue el cuarto. No era fácil ver metida esa distancia de pitones en la muleta (luego entramos en las ideas), pero es que tampoco fue un camino de rosas para los banderilleros y resultó un lujo cómo resolvió Iván García a pesar de lo que el toro le cortaba. Y dos veces puso los pares en la misma cara. En el engaño de Venegas tuvo carbón para repetir con mala condición y por dentro el de Saltillo. Venegas hizo lo que pudo que era mucho y le metió la mano con el acero, que era más todavía.

Lote de Leal

Se metía por dentro ya el segundo de salida y Juan Leal se lo sacó para fuera. Lo mismo hizo en el caballo, sin humillar y suelto. Con mucho mérito le hizo un quite Juan de Castilla cuando el toro estaba a todo y nada. Resolvió Marc Leal con los palos. Bravísimo fue Juan para irse a los medios y esperar al incierto toro con pases cambiados por la espalda Luego el Saltillo quedó en nada. Solo quería irse y en esa inercia de rajarse se abría mucho y el toreo quedaba tremendamente despegado. Pecado capital (más en Madrid). Se alargó. El quinto fue un mamotreto de Couto de Fornhilos, que tuvo pocas ganas de embestir desde que salió de toriles y quedó en tierra de nadie en la muleta.

Se pasó de faena Juan de Castilla. La comenzó de rodillas con más explosión. Después el toro tuvo franqueza, iba y venía sin poner en apuros al matador, ni demasiada entrega ni transmisión y la voluntariosa labor acabó por hacerse monótona. Se tiró a matar de verdad.

Acudió al caballo el sexto en la distancia. Y creímos pensar. En la muleta se tenía el carbón guardado para quedarse corto y no querer viajar del todo en la muleta de Juan de Castilla, pero sí tomarla por abajo, es decir, en honor a su encaste. Porfió el torero colombiano, pero no acabó de cogerle la medida a un toro que sí tenía la marca de la casa. La espada descuadró más de la cuenta una tarde que no acabó de encajar en ningún parámetro.

Ficha del festejo

Las Ventas. Décimo primera de San Isidro. Casi lleno. Toros de Saltillo y Couto de Fornilhos, (5º). El 1º, sin humillar pero se deja; 2º, rajado y soso; 3º, va y viene franco y soso; 4º, peligroso; 5º, va y viene sosote; 6º, de corto pero humillado recorrido. Dos tercios de entrada en los tendidos.

José Carlos Venegas, de blanco y oro, estocada (saludos); casi entera (silencio).

Juan Leal, de azul cielo y oro, estocada caída (silencio); estocada, descabello (silencio).

Juan de Castilla, de nazareno y oro, estocada (silencio); estocada, cuatro pinchazos, estocada, aviso (silencio).

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