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Una nube de combate que reescribe el dominio aéreo

La superioridad aérea occidental, dada por garantizada durante décadas, ha dejado de serlo. China y otras potencias no occidentales han invertido en defensa con una intensidad que ha rebajado la ventaja tecnológica de Estados Unidos y Europa. La respuesta pasa por dos vías: nuevos sistemas y, sobre todo, sacar más partido a los medios actuales.

Ahí entra el combate colaborativo, que sustituye el duelo entre cazas por la coordinación de todo lo que un país pone en el aire, en tierra y en el mar.

«El concepto de combate colaborativo no se inventa ahora; siempre se ha colaborado en combate», aclara Miguel García Moreno, director de la unidad de negocio de Dominio Aéreo en Indra Sistemas. Lo que se busca es llevarlo a otra escala: usar de forma simultánea sensores propios, de otras aeronaves, de drones y de medios terrestres para reducir la firma, neutralizar defensas antiaéreas y golpear con más precisión.

Última generación

Indra prueba en vuelo la nube de combate que debe sostener el futuro sistema aéreo europeo y la idea es que pueda funcionar desde este momento. De hecho, ya lo han hecho funcionar.

Mediante el uso de sensores de última generación y una nube global, el conocimiento que se tendrá de los campos de batalla nunca ha sido tan avanzado. Como explican desde Indra, el volumen de datos es tan grande, que es un auténtico reto convertirlo en información que pueda ser útil para sus usuarios, ya sea en el plano táctico o en el estratégico.

La nube de combate es la pieza que hace posible ese encaje. No se trata de un sistema de comunicaciones más, sino de una infraestructura común en la que cualquier plataforma puede ofrecer y consumir servicios: conciencia situacional, mando y control, identificación de amenazas, planificación de misión. El símil con la nube civil es directo, con la diferencia de las exigencias militares de seguridad y latencia.

Indra lidera el pilar de sensores del programa NGWS (Next Generation Weapon System), dentro del FCAS europeo (Future Combat Air System) que desarrollan España, Francia y Alemania, y comparte el liderazgo de la nube.

Aportación española

España aporta un tercio de los fondos. La apuesta de la compañía, en palabras de García Moreno, es no esperar al despliegue de 2040. «La intención de Indra es ofrecer una solución de nube de combate que pueda empezar a implantarse ya en los sistemas actuales».

La arquitectura descansa sobre tres capas.

Comunicaciones de banda ancha entre plataformas, junto a enlaces satelitales y ópticos, mueven los datos por la red. Una capa de computación distribuida los procesa repartida entre nodos en el aire, en tierra y centros de proceso de datos, con técnicas de «edge computing» que evitan depender de un único servidor. Encima, una capa de servicios de mando y control, asistidos por inteligencia artificial y análisis masivo de datos, traduce esa avalancha en decisiones para el piloto y el resto de la cadena.

La compañía ha enganchado también a centros civiles como el Barcelona Supercomputing Center y la fundación gallega Gradiant para acelerar tecnologías concretas. Esto es importante, ya que Indra actúa como un nodo en sí mismo en el que trata de acercar a otras compañías a este tipo de inversiones y planes europeos.

La meta operativa es que cazas y «remote carriers», drones acompañantes, vuelen como un enjambre que redistribuye las tareas si una plataforma cae, mientras los sistemas heredados se suman al mismo entramado por incrementos. La compañía ya ha hecho ensayos en vuelo con cinco o seis nodos repartidos entre Madrid, plataformas aéreas, instalaciones de tierra y un centro de proceso de datos. La gracia es la redundancia: si cae el ordenador central que ejecuta la conciencia situacional, los servicios se redistribuyen y se mantienen disponibles para el resto de usuarios.

Indra dispone de un centro de análisis operativo donde replica los sistemas para someterlos a miles de iteraciones, y de un campo de ensayos en vuelo en el aeródromo de Rozas, en Lugo.

La nube no se queda en el aire. Tiene que ser multidominio (tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio), multiplataforma y multinivel. Drones, cazas, sistemas antiaéreos, antidron, helicópteros y unidades terrestres pueden formar parte del mismo entramado de información. El concepto NGWS contempla varios tipos de drones operando bajo el mando de los cazas: unos caros, otros recuperables y otros fungibles. «Esos drones aportan algo fundamental: masa», explica García Moreno.

Amenaza suelta

La clave, insiste, es que esa masa no vuele a ciegas. Un dron de bajo coste con un pequeño nodo de la nube entra en el juego coordinado del caza, de los sensores en tierra y del mando y control, en lugar de ser una amenaza suelta. Sin coordinación, la masa pierde parte de su eficacia.

El otro frente es el conocido como «legacy», los dispositivos en funcionamiento hoy en día, no solo los que se plantean a futuro. Indra es el segundo proveedor de aviónica del Eurofighter y participa en los consorcios del radar y la guerra electrónica. Desarrolla con Alemania una nueva versión del radar AESA de barrido electrónico y trabaja en la evolución del sistema DASS de autoprotección. Sus equipos de identificación amigo-enemigo (IFF) vuelan en casi todas las plataformas nacionales.

En la lista de Indra figura un sistema de contramedidas láser contra Manpads, los misiles antiaéreos portátiles que amenazan a las aeronaves a baja cota. Está en pruebas de ingeniería con el A400M y se integra ya en helicópteros NH90 del Ejército de Tierra y del Aire.

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