World News in Spanish

Pedro Sánchez: hay que echarlo

El PSOE nunca hubiese elegido un liderazgo como el de Pedro Sánchez, por eso, se coló por una rendija y, una vez dentro, mató a un partido centenario. En este momento, no estamos asistiendo a la muerte del partido, sino a su amortajamiento, a través de un espectáculo que no se merecen las generaciones de socialistas que le han precedido.

Ayer, Sánchez descartó la convocatoria de elecciones anticipadas cuando fue preguntado por el caso que afecta a Zapatero y por el registro que realizó la UCO en la sede de la calle de Ferraz, en un nuevo procedimiento que investiga la presunta trama para desestabilizar procesos judiciales contra el partido.

Han resultado imputados, entre otros, Santos Cerdán, la gerente de Ferraz y Gaspar Zarrías, y ya se apunta a otros nombres, como el de Juan Manuel Serrano, otro de los hombres de confianza que ha acompañado a Pedro Sánchez durante estos años y que dirigió Correos, en un mandato no exento de controversias.

Prácticamente, no hay nadie de su entorno más cercano que no esté condenado, investigado o esté siendo juzgado, y aun así, se resiste a dar por finalizada la legislatura. Con cuatro importantes derrotas en los últimos cinco meses y sin capacidad para sacar adelante iniciativas parlamentarias, Sánchez aguanta con el apoyo de quienes hacen malabarismos, como Gabriel Rufián, un independentista que necesita el escaño porque no quiere volver a vivir en Cataluña y que ha caído en desgracia en ERC.

Más de lo mismo le ocurre a Yolanda Díaz y al resto de ministros de Sumar que, tras la certeza de que cuando abandonen el Consejo de Ministros no lo volverán a pisar nunca más, han decidido arrimar el hombro con Sánchez para soportar el peso de los escándalos y el PNV amenaza al mismo tiempo que, con la punta del pie, desdibuja las líneas rojas que marcan su apoyo al Ejecutivo.

Sánchez flota sobre los restos de una amalgama en la que se entremezclan los enemigos del Estado y los que en 2011 se manifestaban en la puerta del Sol contra Zapatero, al que Sánchez erigió como modelo de la legitimidad de la izquierda, excomulgando de la parroquia socialista a todos los dirigentes anteriores, acusados de derechistas por contradecir al líder.

Por respeto a la organización, debería convocar elecciones legislativas o someterse a una cuestión de confianza en el Congreso de los Diputados, pero no hará ni lo uno ni lo otro porque, para él, un año en el Palacio de la Moncloa, vale más que 147 años de historia.

Los dirigentes y militantes socialistas deberían entender que seguir permitiendo el liderazgo de Sánchez es una traición al PSOE, hay que echarlo.

Читайте на сайте