Pedro Sánchez, fuera de control
Entre dirigentes políticos y empresariales que han coincidido en las últimas semanas con el presidente del Gobierno cunde una afirmación unánime: «Este hombre está ya fuera de control». En efecto, la rueda de prensa de Pedro Sánchez en Roma, tenso, demacrado y cobijado en su visita institucional al Vaticano mientras las Fuerzas de Seguridad entraban en la sede del PSOE en Ferraz es como una ópera bufa de muy mal gusto. Una mafia en toda regla, una cloaca denunciada en un demoledor auto por el juez Santiago Pedraz, curiosamente un magistrado nada sospechoso de simpatías con la derecha, uno «de los suyos» en etapas de Baltasar Garzón, y al que ahora los bocazas «sanchistas» como Óscar Puente o Patxi López tildan de «facha».
La tormenta judicial que han vivido los socialistas la pasada semana habría provocado en cualquier país democrático la inmediata dimisión del Ejecutivo y una convocatoria de elecciones. En un almuerzo con periodistas un acreditado embajador en Madrid recordaba que, por mucho menos, por una trama no tan nauseabunda, cayó el Partido Socialista italiano con su líder, Bettino Craxi, en cabeza y camino del exilio. Aquí, con total osadía, a Sánchez sus lacayos falderos le siguen jaleando y riendo sus diatribas. Normal, todos viven de él con suculentos erarios públicos que matarían por no perder.
Como en la magistral novela de la insigne dama de las letras catalanas, Mercedes Salisachs, «La gangrena», ganadora del Premio Planeta en 1975, España vive hoy una muerte de su tejido institucional, una grave falta de derechos y libertades, una infección bacteriana severa. «Este Gobierno está podrido», afirma con toda razón el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, quien ha elevado su presión sobre los nacionalistas vascos y catalanes, cómplices de la más sucia corrupción que se recuerda. El líder del PP ha sido muy claro ante el empresariado catalán, en las jornadas del influyente Círculo de Economía, celebrado este año en Barcelona: «No podéis seguir aguantando este bloqueo», les espetó contundente, sabedor de las buenas relaciones de los empresarios con JuntsxCat. La tesis de Feijóo es sacar adelante una moción instrumental, con el apoyo o la abstención de Junts y el PNV, que deje en soledad a Pedro Sánchez y abra la vía de una convocatoria electoral. El PP se volcará en Cataluña y el País Vasco con su programa de reformas económicas. «Si ellos no vienen a nosotros, nosotros cultivaremos a su electorado», afirma el secretario general Miguel Tellado.
Frente al vendaval de corrupción que, según fuentes jurídicas, aún no ha hecho más que empezar, Pedro Sánchez se atrinchera y arenga a las Juventudes Socialistas y a la dirección de su partido con un discurso en el que se permite acusar a los populares de «marrulleros». O sea, tilda de impostores y malas artes el líder que autorizó una trama mafiosa contra jueces y periodistas que salpicaran el honor de su familia y el PSOE. Cuentan que aún resuenan por las paredes de La Moncloa los gritos enfurecidos del gran jefe, en sus patéticos cinco días de reflexión, ante tres corderillos asustados, Félix Bolaños, Óscar López y Santos Cerdán, para ejecutar el sucio trabajo. El último está crucificado y los otros dos en camino del cadalso.
Un destacado empresario que coincidió con Pedro Sánchez en su reciente viaje a Roma le define sin tapujos: «Es un psicópata de libro». Ello explica su conducta obsesiva, narcisista y prepotente agarrado como una lapa al sillón de La Moncloa y con amenazas de seguir aún más allá de 2027, amparado por las manipuladas encuestas de su fiel lebrero, José Félix Tezanos, al frente del CIS pagado con el dinero del sufrido contribuyente.
Ocho años después de aquella moción de censura contra Mariano Rajoy sus defensores están en prisión y en el banquillo. Esta España gangrenada necesita urgentemente oxígeno, una transfusión de sangre nueva que permita respirar y acabe con el depravado «sanchismo». Aire.