De la Legión a llevar el palio del Papa en el Corpus
Que el termómetro rozase ayer los 30 grados, el traje de chaqueta y lo que pesaba el palio en sí, lejos de ser un problema, convirtieron la procesión del Corpus Christi del primer año de seminario de Ignacio Soriano en algo difícil de olvidar. Y es que este joven fue uno de los que, junto al Papa León XIV, recorrieron los 600 metros de la histórica procesión por la calle Alcalá que tuvo lugar ayer. “Ha sido un regalo”, aseguró, aunque aún no entiende por qué el encargo ha recaído en su curso. En principio, reconoce, lo normal habría sido que una tarea así correspondiera a seminaristas de cursos superiores. “Pero por providencia, por los exámenes y por distintas circunstancias, nos ha caído a nosotros”, explica.
Ignacio habla de la fe con naturalidad. Viene de una familia cristiana, estudió en un colegio religioso y recuerda su infancia como la de “un niño muy feliz en la parroquia, en la Iglesia”. Sin embargo, la pregunta por su vocación apareció pronto. Tanto, que incluso le asustó un poco. “Con 13 o 14 años, en los campamentos de verano, me surgió una pregunta en el corazón: qué quiere Dios de mi vida”, recuerda. “Pero era muy joven, muy inexperto, y esa pregunta asusta mucho. Así que la dejé en un rincón del corazón”.
Durante años pensó que aquello había sido fruto de la emoción de un campamento, ya que su sueño, en realidad, era ser militar. Y lo cumplió. Entró en el Ejército, concretamente en la Legión. “Fueron unos años maravillosos. Estuve muy contento, hice muchos amigos y serví a España, que era una de las cosas que más me llamaban”, recuerda. Pero algo no terminaba de encajar. “Era feliz, estaba haciendo lo que quería, lo que había soñado, pero había algo en mi corazón que faltaba”, que no era tanto “entrar en el seminario” como tal, sino “el encuentro personal con Cristo”.
La vida avanzó, y las inevitables pérdidas familiares, rupturas sentimentales y momentos de dolor le llevaron a encontrarse con lo que llama “el abrazo misericordioso de Dios”. “Dejó de ser una idea, un pensamiento o una tradición vacía. Me encontré con una persona”, cuenta. Y volvió aquella pregunta acerca de qué quería Dios para Él, que se ha transformado en un primer año de seminario completado y que le hace “totalmente feliz”.
La visita de León XIV ha llegado como una especie de confirmación inicial. La víspera, durante la vigilia con jóvenes, ya había sentido algo especial al ver a miles de personas reunidas en torno al Papa. Y ayer, entre el calor, los nervios y el peso del palio, Ignacio ha terminado viviendo una de esas escenas que condensan una biografía completa en un solo momento: la de un joven que soñó con servir en la Legión y que ahora aprende otra forma de servicio caminando junto al Papa en una. “No sé si voy a ser sacerdote, pero sí sé que quiero una vida al servicio de Dios, sea donde sea, como él quiera”.