Las claves de la semana del 8 al 12 de junio de 2026 para invertir en bolsa
Después de las fuertes caídas del viernes, y el paso atrás dado en Oriente Medio tras los ataques de Israel y de Irán, la gran pregunta para los inversores es evidente: ¿estamos ante una nueva oportunidad de compra o ante el inicio de una corrección más profunda? Nosotros consideramos que es una corrección técnica dentro de una tendencia alcista de largo plazo. Sin embargo, el ajuste podría prolongarse durante las próximas sesiones, hasta la reunión de la FED, que creemos que será menos agresiva de lo que el mercado espera y servirá de aliciente para los activos financieros.
Tras meses de subidas prácticamente ininterrumpidas, las bolsas estadounidenses sufrieron una de sus peores sesiones del año. El Nasdaq 100 cayó un 4,8%, registrando su mayor descenso desde abril de 2025, mientras que los inversores redujeron exposición a las compañías más ligadas a la inteligencia artificial y buscaron refugio en sectores más defensivos. Desde 1987, cada vez que el Nasdaq ha registrado una caída superior al 4,5% en una sesión de viernes, la rentabilidad media del lunes siguiente ha sido del -1,8%, con pérdidas en casi dos de cada tres ocasiones. Aunque la historia no siempre se repite, estos episodios suelen coincidir con periodos de elevada volatilidad y cambios importantes en las expectativas de los inversores. A pesar de la magnitud de la caída del Nasdaq, el retroceso del S&P 500 sigue estando lejos de los grandes episodios de estrés registrados históricamente. El desplome del viernes no entra ni siquiera en el top 200 de los mayores accidentes desde 1950.
Los inversores se enfrentan ahora a numerosos factores negativos: dudas sobre si el repunte ha sido excesivo y demasiado rápido, la reanudación de los enfrentamientos en Oriente Medio, el aumento del precio del petróleo y las presiones inflacionarias que llevan a los bancos centrales a subir los tipos de interés. Además, la avalancha de nuevas acciones procedentes de empresas que buscan financiar sus ambiciones en el campo de la inteligencia artificial está generando interrogantes en Wall Street sobre si habrá suficientes compradores para absorberlas todas y qué implicaciones tendrá esta gran cantidad de capital nuevo para los precios de las acciones en general.
La corrección llega en un momento especialmente delicado. Los sólidos datos de empleo publicados en Estados Unidos han provocado un fuerte reajuste de las expectativas sobre la Reserva Federal. Lo que hace apenas unas semanas parecía un escenario de bajadas de tipos ha dado paso a un mercado que empieza a dar por hecho las subidas de tipos durante los próximos meses.
El movimiento también coincide con varios factores que han aumentado la sensibilidad de los mercados: la llegada de grandes salidas a bolsa que absorberán liquidez, las dudas generadas por algunas compañías vinculadas a la inteligencia artificial, y el repunte de las rentabilidades de la deuda.
Sin embargo, más allá de la magnitud de la caída, existe un aspecto especialmente relevante. Históricamente, comprar después de retrocesos del 2% o superiores en el S&P 500 ha generado resultados positivos para los inversores de largo plazo. La cuestión es si esta vez nos encontramos ante una simple toma de beneficios o ante el comienzo de un entorno macroeconómico mucho más exigente para los mercados.
La señal que Wall Street no puede ignorar
Existe una posibilidad poco habitual que podría convertirse en uno de los acontecimientos económicos más relevantes del año. El consenso espera una tasa de desempleo del 4,3% y una inflación del 4,2%, lo que situaría ambas variables prácticamente al mismo nivel.
Puede parecer un simple dato estadístico, pero históricamente ha sido una señal muy importante para los mercados. Desde 1960, sólo en seis ocasiones la inflación ha igualado o superado la tasa de desempleo. Ocurrió en 1966, 1973, 1990, 2000, 2008 y 2021.
Lo llamativo es que ninguno de estos periodos está asociado a un comportamiento especialmente positivo para Wall Street. En la mayoría de los casos coincidieron con ciclos de endurecimiento monetario por parte de la Reserva Federal, repuntes de volatilidad o cambios importantes en el ciclo económico.
La explicación es sencilla. Cuando la inflación se aproxima al desempleo, la Reserva Federal suele tener pocas razones para estimular la economía y muchas para combatir las presiones inflacionistas. En otras palabras, el margen para bajar tipos desaparece y aumenta la probabilidad de que la política monetaria siga siendo restrictiva durante más tiempo. A su vez la curva de tipos tiende a invertirse, otra señal que no ha sido muy positiva de manera histórica.
Por ello, más que la caída puntual del viernes, el verdadero riesgo para los mercados podría ser que los inversores continúen descontando un escenario demasiado optimista sobre la evolución futura de los tipos de interés.
La Fed se enfrenta a una decisión que va mucho más allá de los tipos de interés
La reunión de la Reserva Federal de junio será una de las más importantes de los últimos años. No tanto por el movimiento que pueda realizar sobre los tipos de interés, sino porque supondrá la primera gran prueba de credibilidad para Kevin Warsh como nuevo presidente de la institución.
El contexto no es sencillo. La inflación vuelve a repuntar impulsada por el encarecimiento de la energía y las tensiones geopolíticas, mientras que el mercado laboral continúa mostrando una fortaleza superior a la esperada. Los últimos datos de empleo han llevado a los inversores a replantearse el escenario de recortes de tipos e incluso a considerar la posibilidad de nuevas subidas durante los próximos meses.
Al mismo tiempo, Donald Trump ha incrementado la presión sobre la Reserva Federal reclamando una bajada de tipos y afirmando que una subida sería un error para la economía estadounidense.
Desde nuestro punto de vista, el verdadero riesgo para los mercados no es una subida de tipos inmediata, sino que la Fed pueda transmitir una imagen de pérdida de independencia o de excesiva complacencia frente a una inflación que sigue lejos de estar completamente controlada.
Además, existen señales de que parte de la economía estadounidense comienza a mostrar síntomas de desgaste. Mientras los grandes índices bursátiles continúan marcando máximos históricos impulsados por la inteligencia artificial, los segmentos más vulnerables de los consumidores afrontan mayores dificultades para hacer frente al aumento del coste de la vida y al encarecimiento del crédito.
Por ello, la reunión de junio podría marcar el inicio de una nueva fase para los mercados: una etapa en la que la inflación vuelva a convertirse en la principal preocupación de los inversores y en la que la Reserva Federal tenga que demostrar que sigue dispuesta a priorizar la estabilidad de precios por encima de cualquier presión política.
En cualquier caso, nuestro escenario base sigue siendo que la FED se mantenga sin cambios, y que tampoco se descuenten subidas de tipos en su mensaje o conferencia posterior, lo que devuelve en cierta manera a la casilla de inicio de año, donde los metales tuvieron un rally espectacular ante la debilidad del dólar y la desconfianza sobre la FED.
La inflación vuelve a ser un problema global
El mercado sigue centrando gran parte de su atención en la Reserva Federal, pero la realidad es que el problema inflacionista se está extendiendo mucho más allá de Estados Unidos.
Actualmente, 46 de los 68 principales bancos centrales del mundo mantienen una inflación por encima de su objetivo oficial o del punto medio de su rango objetivo. Esto supone que cerca de siete de cada diez autoridades monetarias siguen lejos de poder declarar la victoria frente a la inflación.
La consecuencia es evidente: los mercados podrían estar infravalorando el riesgo de que los bancos centrales mantengan una política monetaria restrictiva durante más tiempo del esperado o incluso vuelvan a endurecer las condiciones financieras si los precios continúan acelerándose.
La historia tampoco invita al optimismo. Durante los últimos cien años, cada vez que la inflación estadounidense ha superado el 4%, la renta variable ha mostrado un comportamiento significativamente más débil en los meses posteriores. De media, el S&P 500 ha registrado caídas cercanas al 4% durante los tres meses siguientes y del 7% en los seis meses posteriores.
Este contexto llega además en un momento especialmente sensible para los mercados. Durante las próximas semanas se concentrarán algunas de las decisiones más importantes del año por parte de los principales bancos centrales, incluyendo la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón.
Por ello, más que una simple corrección de las compañías tecnológicas, los movimientos recientes podrían estar reflejando un cambio de percepción mucho más profundo: el mercado comienza a asumir que la inflación puede seguir siendo el principal enemigo de los activos financieros durante la segunda mitad del año.
EEUU
Los datos de inflación se publicarán el miércoles y podrían ser un dato clave antes de la decisión sobre los tipos de interés de la Reserva Federal el 17 de junio, ya que los inversores buscan pistas sobre si el banco central podría considerar subir los tipos de interés.
Estos datos se suman a las cifras estadounidenses de mayo, que mostraron un crecimiento del empleo mucho mayor de lo esperado, lo que hace cada vez más improbable la posibilidad de un recorte de tipos de interés. En cambio, los indicios de una alta inflación, y en particular los de que los elevados precios de la energía se están reflejando en otros sectores de la economía, aumentan las expectativas de que la próxima medida de la Reserva Federal sea una subida de tipos. Los mercados actualmente prevén una probabilidad del 98 % de que la Reserva Federal suba los tipos en 25 puntos básicos antes de diciembre.
El informe de precios al consumidor de mayo será un indicador clave del impacto del aumento de los precios en el gasto de los consumidores.
Otros datos económicos incluyen el comercio de abril y las ventas de viviendas existentes, que se publicarán el martes, y la encuesta preliminar de consumidores de la Universidad de Michigan correspondiente a junio, que se publicará el viernes.
Eurozona
La decisión de política monetaria del Banco Central Europeo del jueves es el acontecimiento más destacado de la semana, donde se espera que una subida de los tipos de interés de 25 puntos básicos contrarreste plenamente los efectos inflacionarios derivados del aumento de los precios del petróleo a causa del conflicto en Oriente Medio. Esto elevará el tipo de interés de los depósitos en la eurozona hasta el 2,25%.
Ante la ausencia de pruebas contundentes de efectos de segunda ronda y en medio de la creciente incertidumbre, esta medida tiene como objetivo principal mitigar el riesgo de desanclar las expectativas de inflación. La atención se centrará en las pistas que den los responsables de la política monetaria del BCE sobre el posible momento de cualquier futura subida de tipos de interés. El párrafo sobre la política de la declaración, que destaca la dependencia de los datos y un enfoque que se adopta reunión por reunión, podría ser clave. El BCE también presentará nuevas previsiones de su personal sobre la inflación y el PIB.Además del aumento previsto para el 11 de junio, podría haber una subida antes de finalizar el año.
Antes de la reunión del BCE, Alemania publicará el lunes los datos de pedidos de manufactura y el martes los datos de producción industrial, ambos correspondientes a abril. Los datos de producción industrial de Italia se publicarán el miércoles. Los datos finales de inflación del IPC de mayo se publicarán el viernes en Alemania, Francia y España.
Canadá
Se espera que el Banco de Canadá mantenga los tipos de interés en el 2,25% el miércoles. Es probable que el Banco de Canadá (BOC) muestre cautela respecto a las perspectivas económicas antes de la reunión de julio, cuando presentará sus nuevas proyecciones.
El banco intentará evaluar el impacto de la crisis de Oriente Medio en la inflación, a pesar de que Canadá entró en recesión tras una contracción del PIB del primer trimestre del 0,1% en términos anualizados, después de una caída del 0,6% en el cuarto trimestre de 2025.