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Cuando unos menores cantaban "¿Qué pasa contigo, tío?"

El espectáculo estaría hoy prohibido. Eran dos menores de edad que aparecieron en la tele única vestidos como maquinistas de una película de Buster Keaton. Uno de ellos cantaba «¿Qué pasa contigo, tío?», a lo que el otro respondía, «¿Conmigo qué va a pasar? Que estoy todo el día bebío». El estribillo era descriptivo de una vida ajena a la construcción de un ciudadano progresista, comprometido con la igualdad de género y el medio ambiente. Decía tal que así: «Y es que me paso el día de juerga, todas las noches sin descansar, dándole al vino y a la guitarra, con las chavalas cerca del mar». Era julio de 1976, y los chicos se llamaban Manuel y Jorge Sánchez López, que formaban el dúo Los Golfos.

El tema fue la canción del verano. Todo el mundo la cantaba y la bailaba. Era una rumba loca, despreocupada, pegadiza, sin más pretensión que divertir. La gente disfrutaba escuchando a dos menores exaltar cosas como: «¿Qué pasa contigo tío? Y que chuchurrío estás, con más arrugas que un higo, y más ligues que un Don Juan». España era entonces un contraste absoluto, como siempre. Mientras unos pensaban en la vida, el mundo cultureta de izquierdas veía en aquella canción un desvío de lo importante: la movilización. Por eso, a la vez que Los Golfos hacían sonreír y bailar, otros preferían cerrar el puño y escuchar a cantautores protesta, aburridísimos y agresivos, de esos que hablaban de un «fascismo cósmico» o que añoraban para nuestro país dictaduras comunistas a lo Fidel Castro.

Un éxito fulgurante

Aquel éxito de Los Golfos fue el síntoma de una sociedad que necesitaba desestresarse a base de ritmo y desparpajo. Manuel y Jorge Sánchez López, nacidos en la localidad conquense de San Clemente, encarnaban la figura del emigrante retornado: su familia se había trasladado a Francia cuando Manuel apenas tenía un año. Criados en París, pero con la rumba en la sangre, estos «niños de barrio» regresaron a Madrid para convertirse, casi por accidente, en el fenómeno de masas más recordado de 1976.

Hasta ese momento, la rumba-pop habitaba mayoritariamente en los márgenes. Desde que en 1973 Los Chichos fueran elevados a los altares del radiocasete, este género se asociaba a ambientes marginales y quinquis. Sin embargo, Los Golfos lograron extender la rumba a las masas. Su propuesta, una mezcla de rumba eléctrica con estribillos pegadizos, sacó el género de la periferia para llevarlo directamente a los tablaos más elegantes y a los platós de televisión. Los hermanos habían llegado al mundo de la música de la mano de su madre, quien los presentó en un programa de radio. Antes de su gran éxito, ya habían hecho sus pinitos como Los Rumberitos, grabando un disco también con RCA. Sin embargo, fue bajo el nombre de Los Golfos donde encontraron la fórmula mágica del éxito inmediato, aunque breve.

El éxito de la canción fue absolutamente fulgurante. No había rincón de la geografía española donde no se oyera un «¿Qué pasa contigo, tío?». La frase comenzó a ser repetida de norte a sur, especialmente por aquellos que querían hacerse los enrollados. Pero, además, mostró el despertar a la libertad, que hoy choca con la corrección política. A nadie le extrañaba ver a dos niños cantando con total naturalidad sobre las borracheras continuas y lo que ahora algunos calificarían como «cosificación de la mujer».

Tras el huracán de 1976, que incluyó la aparición en álbumes de cromos junto a las estrellas de cine y televisión, el dúo entró en una rápida decadencia. Manuel llegó incluso a regentar una tienda de frutos secos en Vallecas tras la disolución del grupo, una muestra de la fragilidad de la fama en aquellos tiempos. Luego volvieron a la música: se presentaron sin suerte a la preselección de Eurovisión en 1979 con el tema pop «Ella-a-a». Pasaron por el famoso programa musical «Aplauso» (TVE), bailando como robots, pero no cuajaron. Tras el fiasco se separaron. Jorge siguió en la música de forma discreta, y Manuel Malou experimentó con varios géneros, mezclando la rumba con la new wave, el rock y el punk.

Con los años, Manuel se convirtió en un reputado productor y compositor, trabajando para figuras como Peret, Niña Pastori, Los del Río y Carlos Núñez. Su madurez artística se vio recompensada en 2001, cuando ganó el Premio Goya a la mejor canción original por el tema central de la película «Fugitivas». Aquel niño que hizo bailar a todo el mundo en 1976 preguntando «¿Qué pasa contigo, tío?» acabó siendo una de las cabezas más brillantes de la música española.

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