Así han sido las lágrimas de Courtois en el España - Bélgica del Mundial
El «¿y si?» es una pregunta terrible, porque nunca da una respuesta buena, pero es bastante probable que toda Bélgica se esté hoy preguntando: «¿Y si Courtois no se hubiera lesionado? ¿Cómo habría sido el desarrollo del partido?». Quizá este tiro de Cubarsí no hubiera tenido un rechace que tan bien aprovechó Mikel Merino para superar a Lammens, que no es Courtois, claro, porque nadie es Courtois y bien que lo lamentó Bélgica, bien que lloró el portero al ser sustituido y bien que lo celebró España.
Durante buena parte del encuentro, España se encontró con un bloque defensivo belga que le negó casi todo. Solo Fabián Ruiz pudo superar al portero del Real Madrid, que estuvo muy bien en la primera parte del partido. La más llamativa de sus intervenciones llegó ante un disparo ajustado al palo de Lamine Yamal, al que el meta respondió con una parada espectacular. Bélgica resistía gracias a él.
El minuto 65 partió el partido en dos. Courtois se agarró el muslo durante la ejecución de una falta y su gesto lo dijo todo antes de que lo dijeran las imágenes. Intentó seguir, porque los porteros siempre intentan seguir, pero volvió a caer al suelo pocos segundos después y la sustitución se hizo inevitable. En el minuto 71, Koen Lammens, portero del Manchester United, tomó el relevo entre los tres palos belgas. Las cámaras no se fueron a la portería, se quedaron en el banquillo, donde Courtois se tapó los ojos con la camiseta y lloró junto a sus compañeros, porque las lesiones le están amargando últimamente.
España olió la sangre y fue a por todas. La segunda parte había estado más igualada, el equipo de De la Fuente había estado peor, pero con los cambios del entrenador de Haro y con la salida de Courtois, el partido cambió de ritmo, de temperatura y hasta de lógica. España sabía que se le estaba abriendo la puerta de las semifinales. Y cuando quedaban apenas dos minutos para el final, Cubarsí disparó desde fuera del área con una potencia que Lammens no supo controlar: el rechace salió al centro de la portería, limpio, servido, casi como una invitación a Mikel Merino.
«¿Y si hubiese estado Thibaut Courtois?», se preguntará Bélgica, sin encontrar respuesta, porque no existe.