Pedro Porro, futbolista: "Mi madre iba a trabajar a las 5 de la mañana y me llevaba a casa de mi abuela. Yo lloraba mucho"
Dormir en el coche para ver jugar a Pedro Porro. Así arranca la historia de un lateral que marcó a Francia el segundo gol de España en la semifinal del Mundial. Llegó a la élite del fútbol europeo desde una infancia marcada por la escasez y sostenida por el amor incondicional de los suyos. El extremeño de Don Benito representa hoy a España en el Mundial y viste la camiseta del Tottenham Hotspur, pero cada vez que habla de sus orígenes la voz se le carga de gratitud hacia quienes lo hicieron posible sin tener casi nada.
El sacrificio que no se olvida
Hay una historia que Porro lleva grabada a fuego. Un torneo infantil en Alcobendas, un partido a las diez de la mañana y una familia sin recursos ni alternativas. Su abuelo, su tío y su padre tomaron una decisión que el lateral no supo hasta que acabó el encuentro. "Cuando terminó el partido y ganamos, hablé con mi familia y me dijeron que llevaban cinco horas más que yo ahí, que se habían quedado a dormir en el coche", recordó Porro. Él era el que jugaba, pero ellos eran los que pagaban el precio. "Yo no, yo no, mis abuelos. Mis abuelos y mis padres, sí. Porque jugábamos por la mañana a las 10 creo en Alcobendas y no había otra opción. No se me olvida", afirmó, Aquello quedó en la memoria para siempre. "A día de hoy es una anécdota que recordarla te hace mucho más fuerte y más feliz", dijo. Y no fue la única vez que la familia entregó todo para verle con un balón en los pies. Contra el Real Madrid, con la selección extremeña, la escena se repitió. "Mi abuelo, mi tío y mi padre durmieron en el coche y al día siguiente pude dedicarles un gol. Son recuerdos preciosos", subrayó Porro.
Una infancia sin descanso económico
Detrás de ese sacrificio familiar había una realidad económica dura que Porro no esconde. "He tenido una infancia difícil por el tema financiero, no era muy buena la situación. En casa hemos sufrido mucho económicamente por ahí", reconoció el lateral. Su madre trabajaba en Mercadona y su padre se rebuscaba la vida en empleos que iban surgiendo, así que fueron los abuelos quienes asumieron el peso del día a día. "Mi madre estaba en el Mercadona y mi padre trabajaba en lo que le iba saliendo, y por eso mis abuelos se tuvieron que quedar conmigo", explicó. Cuando su madre salía a trabajar de madrugada, la solución era siempre la misma. "Cuando mi madre salía a trabajar a las 3, las 4 o las 5 de la mañana me llevaba a casa de mi abuela. Yo lloraba mucho, lloraba por irme con mis abuelos y la verdad que ella también pues entendía esa parte", contó Porro en Abc. Los abuelos cubrieron ese vacío sin que nadie se lo pidiera formalmente. "Mis abuelos hicieron esa labor también de padre y madre cuando no estaban los míos", señaló.
El abuelo, motor de un sueño
En ese cuadro familiar, la figura del abuelo ocupa un lugar propio. Era quien le llevaba a todos los entrenamientos y partidos, quien encontraba la manera de que el niño de Don Benito pudiera seguir soñando. "Yo he tenido una suerte grandísima en el simple hecho de que mi abuelo el pobre siempre me ha podido llevar a jugar, a cumplir mis sueños", dijo Porro con la claridad de quien sabe exactamente lo que debe. Las limitaciones económicas nunca fueron excusa para aquel hombre. "Él se buscaba los medios para verme feliz a mí", afirmó el lateral. Hoy, con un contrato en la Premier League y un sitio en la selección española para el Mundial, Porro intenta cerrar ese círculo. "A día de hoy todo ese esfuerzo que él hizo en su día, se lo intento devolver con lo mejor que puedo", aseguró. Y el horizonte lo dibuja largo. "Si Dios quiere tengo muchos años de carrera y se lo dedicaré a ellos todos los días de mi vida", prometió.
El precio de marcharse con 14 años
Crecer en el fútbol tuvo un coste personal enorme. Porro dejó Extremadura siendo todavía un adolescente para formarse en los juveniles del Rayo Vallecano, y aquella etapa fue, según sus propias palabras, "una experiencia muy desafiante". Vivir en un piso tutelado con otros menores a quienes apenas conocía fue de lo más difícil que le tocó atravesar. "Tan pequeño te vas a vivir a un piso tutelado con otros niños y no tienes la misma confianza que con tu familia. Me quería volver al pueblo", confesó. El día a día pesaba. "El día a día se hacía muy duro para alguien tan pequeño. Pero entendí que si deseas algo mucho, te va a costar y hay que pasar por algo así", afirmó. Entre esas renuncias también estuvo la educación. Tuvo que dejar la ESO cuando se marchó a Madrid, aunque años después la retomó. "Cuando me fui a Madrid tuve que dejar la ESO, luego más adelante lo retomé", explicó. Compatibilizar el fútbol y los estudios no fue sencillo, pero encontró la fórmula. "Iba a una escuela de adultos por la tarde porque entrenaba por la mañana y estuve estudiando y compaginando con el fútbol", contó. La pasión por el balón era absoluta, pero los valores familiares tiraban en otra dirección. "No era muy de estudios porque lo mío era el fútbol y era un enfermo con el fútbol, pero más adelante me lo tuve que sacar porque eso es importantísimo para mí, sobre todo para los valores que me ha dado mi familia", admitió. Al final logró las dos cosas. "Son cosas que cuando quieres cumplir tu sueño tienes que sacrificar", dijo sobre las renuncias, y añadió: "Pude cumplir las dos partes, que eso es lo que me hace más feliz".