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Es ligero equipaje

Vimos la escena repetida conforme Inglaterra empezaba a superar hitos en el reciente Mundial ganado por España. De un lado, los jugadores derrengados sobre el césped después de cada partido. Del otro, los representantes de su hinchada presentes en gradas situadas al otro lado del océano Atlántico. Todos juntos entonando Wonderwall, seguramente la canción más conocida de Oasis, contenida en su disco «(What’s the story) morning glory?» (1995). Qué recuerdos. Una de las primeras letras en inglés que, sacando el libreto inserto en el CD, intentamos entender con los pobres conocimientos del idioma adquiridos entonces.

Quizá sea un ritual menos impactante que el de los noruegos. Pero la imagen resultó tremendamente emocionante en todas las ocasiones. Son los propios ingleses los que dicen que el césped del vecino siempre parece más verde. De modo que no tardó en correr una pregunta por las redes sociales: ¿podría suceder lo mismo con España? De ser así… ¿con qué canción?

La respuesta a la primera cuestión se terminaba relacionando con la de la segunda. Tal cosa sería muy difícil porque el asunto terminaría politizándose. Ningún autor o intérprete iba a estar bien visto por una mayoría que fuera representativa del conjunto y no de una sola de sus partes. El caso es que salió a relucir Nino Bravo. «Libre» parecía una opción más obvia, si de lo que se trataba era de adoptar un himno oficioso. Pero ya se habló de la posibilidad de «Un beso y una flor».

El resultado deportivo permitió salir de dudas. Seguramente hayan visto ya la secuencia reproducida varias veces en sus teléfonos. Una muchedumbre juvenil transita por los carriles de lo que parece el Paseo de la Castellana de Madrid, peatonales por una noche gracias a la celebración de la proeza de la víspera. Todos ellos van cantando el tema compuesto por José Luis Armenteros y Pablo Herrero. Es probable que los padres de algunos de ellos ni siquiera hubieran nacido cuando salió al mercado en 1972.

Pero ahí estaban. Cantando felices y relajados –tras 24 horas de máxima excitación– esa letra que vuelve periódicamente al primer plano de la actualidad y que siempre encontrará acomodo en algún karaoke que acompañe sus acordes con algún video compuesto por imágenes inconexas. Ya hace treinta años volvió a sonar fuerte entre los preadolescentes de entonces merced a aquel disco conmemorativo del veinte aniversario de la muerte del cantante valenciano. Un artefacto pionero en eso de los duetos «de ultratumba» en el que cantaban «junto» a él Francisco, Raphael, El Consorcio, Sergio Dalma, Lolita e incluso internacionales como Daniela Romo o María Conchita Alonso.

Un revival no debió ser suficiente.

La perplejidad es mayor que con el recurso Gallagher de los ingleses y el despliegue de folclore de los hombres de Haaland. ¡Una imagen de unidad y armonía! Sin aspavientos y sin que, en apariencia, se haya teledirigido desde ningún poder. Un chispazo espontáneo que desmiente esa especie de neurosis colectiva en la que el oficialismo se empeña en que vivamos.

Lo bueno de haber ganado la Eurocopa de 2024 es que permitió anticiparse a los acontecimientos. La división artificial de los jugadores en buenos y malos según encajen en el molde de los que mandan. La observación con lupa de cada gesto para las glorificaciones y condenas de saldo para entretener un ratito la conversación pública. Lo que hace dos años todavía se estaba afinando ya es hoy una maquinaria engrasada casi a la perfección.

Hace unas semanas veíamos a los ingleses con envidia. Su performance parecía salida directamente de un guion de Richard Curtis. Hoy sabemos que nosotros también somos capaces. Mi gran noche, Manolo Escobar o Aitana están bien para la euforia inmediata de la celebración en modo jarana. Pero nos hacía falta algo con un puntito más solemne. Lo ha terminado dando Nino Bravo, esa suerte de adaptación mediterránea del crooner que se mató en la carretera cortando de raíz lo que seguramente hubiera sido una carrera sin techo. Disfrutemos mientras dure. Los paréntesis libres de turra no se suelen prolongar mucho tiempo. Los aguafiestas no necesitan jurar que mañana volverán.

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