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El lío de Morante, la ambición de Aarón y la cornada de Marco

La lluvia amenazó durante todo el día, pero el guion perfecto llegó justo después de deshacerse el paseíllo y comenzar de nuevo con la plaza llena hasta la bandera. Era la segunda de Morante. Dicho todo está.

Bastante hizo el público con intentar abrir paraguas y organizar chubasqueros en el tetris vital que supone ocupar las localidades de un tendido de plaza. Ser aficionado es una actividad de alto riesgo.

Luego salió el primer toro de Juan Pedro Domecq. Y no es que estuviera anovillado de cara; es que cualquiera de los novillos que se lidiaron en la primera de feria fue mucho más serio que el abreplaza de ayer. Una lástima, porque todo lo que vino después tuvo otro interés.

El toro tuvo movilidad, eso no dejó de hacerlo nunca, aunque mostró un ritmo desigual y complicaciones. En esas desigualdades Morante no acabó de estar a gusto. Firmó muletazos muy bonitos, entre otros de búsqueda, porque en ese aire era la faena, pero sin terminar de redondearla. Un pinchazo hondo puso el remate.

La cogida

Marco Pérez se fue a la puerta de toriles a recibir al segundo. Después comenzó la faena por estatuarios de rodillas en el tercio. Ahí tuvo mérito. Cuando ya se puso en pie, el toro seguía con mucha movilidad, pero se quedaba corto y, además, tenía el inconveniente de que pesaba por dentro.

La faena de Marco estuvo repleta de oficio y de ganas en un trasteo que también contó con mucha rapidez todo. Quería quemar el cartucho. Fue por eso que, en la suerte suprema, se echó encima, hundió la espada, pero al mismo tiempo el toro le metió el pitón en el muslo derecho.

La cogida fue espeluznante. Esa es la verdad. Y también la certeza. Tan evidente fue que se lo llevaron corriendo a la enfermería. Mientras lo trasladaban, el torero iba mirando si caía el toro. Ya quedó en manos del cirujano de la plaza. Su banderillero saludó tras cortar el trofeo.

Morante toreó el cuarto, que fue descastado y sin opciones. ¡Y volvió Morante! Apenas unas breves tandas para ver lo imposible y entrar a matar de cualquier manera. También se echaba de menos esta versión de Morante.

Por faroles recibió al sexto y delantales después. El lío estaba montado y el genio despierto. Qué maravilla. Sentado en el estribo el inicio de faena muy cerquita del toro y el arte fue arte por los cuatro costados. Toreo diestro arrebatado, inspiración, quietud y despaciosidad, capacidad para reducir la embestida del toro, que tenía nobleza y también hacía algo de hilo. Y ahí descalzo José Antonio era un imán que no podías dejar de mirar. La espada no entró. El toreo estaba dignificado. Morir de amor por la tauromaquia.

Aarón Palacio se hizo con el tercero, que fue áspero y reservón. El joven matador tiró de valor para sacar todo lo que tenía el toro, que no era tarea fácil, porque exigía mucha seguridad y aplomo. Lo puso. Otra cosa fue la espada, con la que se atascó.

Vino a comerse el mundo con el quinto. A portagayola primero. Muy bien a la verónica después, arriesgado en el quite (Morante cerca por si acaso). Un torbellino que lo quería todo. Noble el Juampedro, convencidísimo él. Se apagó pronto, pero no la solvencia del matador. Metió la espada, paseó un trofeo, pidieron dos. Si hay que racanear trofeos, no son con los que están pidiendo paso a bocados.

Ficha del festejo

Santander. Última de feria. Toros de Juan Pedro Domecq. terciados de cara. El 1 º, movilidad sin ritmo; 2º, repetidor y corto en el viaje; 3º, reservón y áspero; 4º, descastado; 5º, noble y muy a menos; 6º, noble. Lleno de «No hay billetes».

Morante, de de catafalco y oro, pinchazo, media (saludos); estocada, dos descabellos (silencio); tres pinchazos, aviso, estocada (saludos).

Marco Pérez, de azul pavo y oro, estocada y herido (oreja con petición de la segunda);

Aarón Palacio, de blanco y oro, cuatro pinchazos, estocada (silencio); estocada (oreja y dos vueltas).

Parte médico: Herida en el muslo derecho de dos trayectorias, superior hacia la cadera e inferior hasta tercio medio del muslo, afectando al músculo aductor y llegando hasta la zona del recto anterior del muslo /cuádriceps. Pronóstico: Reservado.

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