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De la debacle en el 1.500 a la hazaña de Idaira Prieto emulando 36 años después a su padre

Hoy a las 22:07 no habrá ningún español corriendo en el Alexander Stadium. Es la hora en la que está programada la final de los 1.500 de los Europeos. De Carlos Sáez, Adrián Ben y Mariano García no habrá ni rastro. Desde Berlín 2018 siempre había habido algún español entre los mejores en la prueba reina del medio fondo. En Birmingham, nadie.

Abascal, González, Cacho, Reyes Estévez, Casado, Higuero... la lista de ilustres en la distancia impresiona y no se verá ampliada en una edición que era propicia para las aspiraciones sobre todo del gallego. No hay ninguna luminaria con el cartel de favorito. Entre los aspirantes, una nutrida clase media, tipos capaces de correr entre 3:30 y 3:34, pero no un «crack» y eso alimentó la ambición de muchos y lastró las opciones de otros, entre ellos de los españoles.

A falta de poco más de una vuelta para la conclusión de la primera semifinal, Carlos Sáez se estampó contra el tartán. Acabó la carrera por puro orgullo (3:55.49 y penúltimo) y con la muñeca y el brazo derecho contusionados. El valenciano tenía la remota ilusión de ser repescado. La solicitud era obligada y la respuesta de la organización más que previsible. «¿Es lo que hacen con los que se caen sin tener culpa alguna, no?», comentaba Sáez. No hubo rescate.

A Mariano García apenas se le vio en la línea de salida cuando hizo su habitual gesto de la moto y el acelerón. Luego corrió como pollo sin cabeza. Lo reconoció el propio murciano, que en invierno había sido campeón del mundo en la pista cubierta de Torun. «Gasté balas a destiempo», dijo. Su carrera fue un descontrol absoluto. Estuvo a la cola del pelotón y cuando trató de meterse en carrera fue incapaz de encontrar su sitio. Volvió a irse atrás y ya no hubo noticias de él. Acabó décimo cuarto con 3:44.09. «Tengo que aprender a correr carreras con tanta gente», apuntó.

Lo de Adrián Ben (3:42.52, octavo) tampoco tuvo el componente dramático de Sáez. Fue pura impotencia, como lo de su colega de semifinal. Con 16 tipos pegándose por colarse entre los mejores vivió desplazado. El gallego acabó autoinculpándose: «Tenía que haber sido más valiente». Estuvo siempre en carrera, pero nunca cómodo. Llegó con opciones a la última vuelta, pero el problema es que había una legión de aspirantes. Inspirado en su final explosivo trató de buscar su sitio por fuera. Agua. Por dentro. Agua. Cuando restaba media recta se despidió de una final en la que habrá media docena de candidatos al oro.

Las que sí respondieron fueron las componentes del relevo 4x400. Las «Golden bubbles» no tuvieron problemas para superar la calificación y lucharán mañana (22:33) por las medallas. El equipo formado por Ana Prieto, Herminia Parra, Rocío Arroyo y Blanca Hervás firmó la segunda plaza con 3:26.41, solo por detrás de Gran Bretaña. Hervás selló en la última posta el excelente trabajo de sus compañeras.

Yulenmis Aguilar también estará entre las mejores en la jabalina. La lanzadora de origen cubano necesitó un lanzamiento de 59,85 metros para ser quinta en la clasificación y pelear por el podio.

Y en los 10.000, Idaira Prieto firmó una cuarta plaza sobresaliente. Después de ser novena en los 5.000 hace tres días, la segoviana logró la misma posición que su padre hace 36 años en los Europeos de Split. Idaira es hija del mítico Antonio Prieto. "Taca" se quedó a un paso de las medallas en la ciudad que en 1990 todavía pertenecía a la antigua Yugoslavia. Le precedieron el italiano Salvatore Antibo, el noruego Are Nakkim y el también italiano Stefano Mei. A su hija la superaron la italiana Nadia Battocletti, oro en 5.000 y 10.000, la neerlandesa Maureen Koster y la belga Jana Van Lent. "Estoy muy contenta, no me lo esperaba, no sabía cómo me iba a encontrar después del esfuerzo del otro día, pero la carrera ha salido perfecta. He decidido tirar un último 200 muy fuerte porque me encontraba muy bien y al final cuarta, medalla de chocolate", afirmó Prieto en Televisión Española.

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