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Un calendario para curar las heridas de la Atención Primaria

Hay médicos y sanitarios que estudian una carrera con pasión. No calculan únicamente cuánto cobrarán al terminar, cuántas guardias tendrán que hacer o qué especialidad les permitirá vivir más cómodamente. Eligen cuidar. Entienden la medicina como una forma de servicio a los demás y como un compromiso con la sociedad. Es una vocación que no siempre encuentra recompensa en forma de tiempo, reconocimiento o buenas condiciones laborales.

En el Centro de Salud Segovia 1, tres sanitarias especialistas en Familiar y comunitaria decidieron hacer algo al respecto. Las enfermeras Ana Isabel Rivera y Lucía Martín, junto a la médica Virginia Nieto, detectaron que algo estaba fallando dentro de su propio equipo. Los ánimos estaban bajos, el cansancio se acumulaba y la presión asistencial hacía mella. Y pensaron que, si no podían cambiar de golpe las condiciones del sistema, sí podían intentar cambiar algo más cercano: la manera de acompañarse entre ellas.

La solución nació en una charla de café. O, más exactamente, en uno de esos «mini descansos» que, como ellas mismas reconocen, muchas veces ni siquiera pueden hacer. Una de las tres contó que, cuando era residente en otro centro de salud, había participado en un calendario fotográfico con su equipo. Las demás quisieron verlo. Al día siguiente llegaron las muestras y la idea empezó a crecer. «¿Y si esto lo ponemos en pie?», se preguntaron.

Hacer equipo

No era simplemente hacer fotografías. Querían hacer equipo. Y encontraron, además, una ocasión perfecta: se celebraban las primeras Jornadas de Humanización de Segovia y existía un apartado dedicado no solo a humanizar los cuidados de los pacientes, sino también a los propios profesionales. «Qué mejor proyecto de humanización que hacer equipo dentro de nuestro equipo», pensaron.

Así comenzó una iniciativa que iba a durar mucho más que las fotografías de un calendario. La idea era sencilla: convertir durante doce meses a los profesionales del centro de salud en protagonistas de un calendario inspirado en películas. Médicas, enfermeras, celadores, administrativas... todo el que quisiera sumarse solo tenía que disfrazarse y posar juntos. Lo que no estaba previsto era todo lo que ocurriría alrededor. El proyecto empezó en enero y, aunque inicialmente estaba pensado para desarrollarse durante todo un año, en abril ya habían terminado las fotografías de los doce meses. El entusiasmo fue inmediato. Primero existía cierta incertidumbre sobre si la iniciativa funcionaría, pero el «feedback» llegó rápidamente.

«Todo el mundo creía que esto servía para hacer algo nuevo en equipo», detallan las tres impulsoras del proyecto a este diario.

Y ahí estaba precisamente el objetivo. El calendario permitía mezclar categorías profesionales que habitualmente no coincidían y compartir tiempo con compañeros con los que apenas se cruzaban durante la jornada. En esas reuniones aparecieron también conversaciones que nada tenían que ver con las fotografías: preocupaciones, sobrecarga, cansancio y el malestar acumulado después de la pandemia. Descubrieron que muchas de las cosas que cada uno llevaba encima eran compartidas. «La mejor manera de ayudarnos era creando esa cohesión de equipo», explican.

Agendas imposibles

La necesidad no era menor. La Atención Primaria arrastra desde hace años una elevada presión asistencial, falta de profesionales, agendas difíciles de asumir y una burocracia que resta tiempo a la atención. Un informe de la Organización Médica Colegial situó en 2025 en 879 las agresiones sufridas por médicos en España, el dato más alto de la serie, y el 58,6% se produjo en Atención Primaria. Pero antes incluso de llegar a las amenazas o a los episodios de violencia existe otro desgaste más silencioso: la sensación de no tener tiempo suficiente para hacer bien el trabajo.

Las tres sanitarias lo describen de una manera gráfica: «Trabajamos apagando fuegos».

Los médicos deben suplir en muchas ocasiones a los compañeros que se marchan de vacaciones o están de baja. Eso significa sumar pacientes a sus propias consultas y provocar, inevitablemente, demoras. El problema no es únicamente atender a más personas. También está en que muchos de esos pacientes no pertenecen al cupo habitual del profesional.

Esto altera la esencia misma de la Medicina Familiar. Su objetivo debería ser conocer al paciente y a su familia, acompañarlos a lo largo del tiempo y atender sus problemas con una perspectiva longitudinal. Sin embargo, cuando las agendas están saturadas, la consulta acaba convirtiéndose en una sucesión de urgencias, demandas inmediatas y problemas que hay que resolver deprisa.

Ansiedad y estrés

La presión termina pasando factura. Estudios realizados entre médicos de familia han encontrado elevados niveles de agotamiento emocional, ansiedad y estrés. No hace falta, sin embargo, mirar una estadística para entenderlo. Basta escuchar a quienes están dentro: «Estamos bastante agotadas y bastante quemadas», apuntan.

Precisamente por eso el proyecto adquirió una dimensión que sus impulsoras no habían previsto. El calendario dejó de ser una actividad aislada y comenzó a convertirse en una excusa para encontrarse. La organización tampoco requería grandes medios. Aprovechaban el momento en el que coincidían los turnos de mañana y tarde, entre las dos y las tres. Cada grupo se coordinaba mediante WhatsApp y después se reunían para hacer la fotografía correspondiente.

Y ocurrió algo curioso: una vez que estaban juntos, nadie quería marcharse inmediatamente. Los compañeros empezaron a llevar un pequeño «piscolabis» para compartir después de las fotografías. De esta manera, el calendario acabó siendo solo el principio. Cuando terminaron las fotografías decidieron organizar una gala de los Óscar porque la temática del proyecto eran las películas. «Era, de alguna manera, una forma de devolver a los compañeros todo lo que habían aportado», dicen. Tras el éxito llegaron los «desayunos de colores».

Todos los miércoles, durante el rato del café, había que elegir un color y llevar alimentos del mismo. Cuando se acabaron los colores, llegaron las letras: desayuno con la A, con la B, con la H, con la P... Puede parecer una ocurrencia pequeña, pero tenía una finalidad muy concreta: «conseguir que quienes normalmente no bajaban a desayunar encontraran cinco o diez minutos para hacerlo. Cinco o diez minutos para sentarse junto a otros compañeros, hablar de cualquier cosa y desconectar», cuentan. A raíz de la buena acogida de estas propuestas han surgido muchas más (y las que están por venir).

Reconocimiento del sector

Y es que, tal y como relatan la tres sanitarias, cuando se habla de humanizar la sanidad suele pensarse inmediatamente en el paciente: en escucharle, acompañarle, explicarle mejor las cosas, respetar sus tiempos y atenderle con dignidad. Pero, ¿quién cuida también necesita ser cuidado?

Su iniciativa ha sido premiada por el Colegio Oficial de Médicos de Segovia y además fue presentada en el Congreso Nacional de Medicina Familiar y Comunitaria. «La Medicina Familiar y Comunitaria es una especialidad completa, bonita y con un trato humano fantástico. No debería convertirse en una elección de segunda categoría porque las condiciones sean peores. La vocación puede explicar por qué alguien elige ser médico, pero no debería obligarle a aceptar el agotamiento como parte de la profesión», sentencian. Antes de concluir la entrevista, estas tres sanitarias avanzan que la segunda edición del calendario ya está en marcha.

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