El eclipse no fue de Dios
El Salmo 19 canta que «los cielos pregonan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos». El filósofo judío Martin Buber escribió un libro titulado «El eclipse de Dios». Después de una vida marcada por la tragedia, en su ensayo sobre las relaciones entre filosofía y religión sostuvo la tesis de que «existe un eclipse de Dios de igual forma que existe un eclipse solar , y la hora que nos toca vivir es una hora de tiniebla». Algo similar a lo que el teólogo jesuita Henri de Lubac explicara en su libro «El drama del humanismo ateo»: «No es verdad que los hombres sean incapaces de construir un mundo sin Dios: ya lo tienen. Pero cuando se construye un mundo sin Dios, se hace contra el hombre». La observación de la naturaleza no es en sí misma una prueba ineludible de la existencia de Dios sino la afirmación de una realidad que despierta la pregunta metafísica, la pregunta por el sentido. Nunca hemos sabido tanto del cosmos, del universo, y probablemente nunca lo hemos contemplado menos en silencio dejándonos interpelar por su existencia. Sabemos mucho del cómo, pero obviamos el por qué y el para qué. Mientras mirábamos al cielo el pasado miércoles, con las debidas gafas, recordé la historia del canónigo astrofísico asturiano, José María Hevia, descubridor de la Galaxia «Seminario» –SMNR 1050, en idioma científico-. No hace mucho recordaba en el periódico «La Nueva España» que en las dos encuestas que se hicieron a los científicos en 1916 y 2016, los resultados de quienes se confesaban creyentes y ateos en el mundo de la ciencia no habían variado. «Si el siglo pasado la cantera de ateísmo estaba en la astronomía, hoy lo está en «la genética», el ámbito de la ciencia en la que, dice el cura, está la «Torre de Babel moderna». Abrumados por la inmensidad de los datos obtenidos del estudio del universo, la astronomía dejó de parecer concluyente sobre la inexistencia de Dios, algo que «terminará pasando también con los genetistas», señaló este sacerdote que aún investiga el universo.