Los equilibrios de Feijóo con Rabat: endurece el tono contra el régimen pero apuesta por una relación de "amistad"
Poco tiempo después de ser elegido líder nacional del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo recibió una invitación para viajar a Marruecos.
Ocurrió en Róterdam, Holanda, en mayo de 2022. Con motivo de un congreso del PP europeo, el presidente popular tuvo ocasión de entrevistarse de forma bilateral con el primer ministro alauí: Aziz Ajanuch, que le propuso entonces organizar una visita a Rabat para profundizar en las relaciones.
Feijóo aceptó de buen grado. Pero, pasó el tiempo y... nunca llegó a acudir al país vecino. El motivo: sólo él lo sabe. Eso sí, aprovechó su conversación con Ajanuch para, en caso de llegar a la Moncloa, comprometerse a: «Mantener con Marruecos una relación de vecindad y lealtad y llevar a cabo una política exterior fiable en la que cualquier acuerdo se lleve a cabo con transparencia, sea duradero y busque el consenso parlamentario».
Años más tarde, en verano de 2025, Feijóo compartió un aspecto clave de la primera y única conversación presencial que ha tenido con el mandatario marroquí y es que cuando éste le preguntó por la posición que, llegado el caso, mantendría desde Moncloa sobre el Sáhara occidental, le respondió con una larga cambiada.
Concretamente, le dijo: «Verá usted, hay un principio básico en mi actuación política que es no mentir. Si usted quiere que no le mienta, solo le puedo contestar de una forma: yo desconozco qué es lo que tengo que hacer, cuáles son los compromisos que tengo que mantener, porque en España esos compromisos no se conocen. Por tanto, primer ministro no me pida que me comprometa a cumplir un compromiso del que ignoro el contenido y el alcance del mismo. Salvo que usted me lo quiera explicar. Y entiendo que usted no tiene por qué explicarme, ni yo le pido ninguna explicación».
Así, relató Feijóo, fue como «acabó la reunión» con Ajanuch. Con una indefinición que, a día de hoy, se mantiene intacta. Y es que el PP no quiere enfadar a nuestro vecino en el norte de África. Incluso ahora, después de imputarle su grado de culpabilidad en la «invasión» que tuvo pasado 30 de julio, mantiene su intención de cuidar los lazos.
En los últimos días, el mensaje de los populares con respecto a Marruecos ha ido modulando de forma considerable. De intentar entrar a toda costa el enfrentamiento o incluso los reproches a señalar directamente al régimen y lanzarle severas advertencias.
Esta semana, en la no comparecencia de Margarita Robles en el Senado, el portavoz de Defensa, Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu, que fue Comandante General en Melilla, hizo una descripción de la situación en Ceuta claramente inculpatoria al país vecino: «No nos encontramos ante una situación puntual, nos encontramos ante la culminación de una serie de cesiones y concesiones de actitudes inamistosas promovidas, consentidas o deliberadamente ignoradas por las autoridades marroquíes en su hostigamiento al desarrollo de la vida normal en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla».
Días más tarde, el propio Feijóo, en su segunda visita a Ceuta, quiso mostrar una firmeza inédita hacia Marruecos y clarificó cuáles son serían los principios que guiarían una futurible relación desde el Gobierno. «Mi deseo es mantener la mejor de las relaciones con Marruecos. Relación de amistad y de vecindad».
Ahora bien, añadió: «Esa relación de vecindad tiene que levantarse sobre dos condiciones que no exigen matices. Una es el respeto, otra es la reciprocidad. La integridad territorial de España no se cuestiona. Ni en Ceuta, ni en Melilla, ni en las aguas españolas. Eso es respeto y reciprocidad».
El presidente popular opinó que lo ocurrido en la frontera ceutí el pasado 30 de julio fue una «instrumentalización» por parte de las autoridades marroquíes. «Sea por acción o por omisión, se facilitó el desplazamiento de decenas de miles de personas». Y cargó contra el Gobierno, porque «lleva años de diplomacia secreta con Rabat y hoy Ceuta es el resultado visible de su política exterior».
Para Feijóo, lo más sangrante es que Sánchez «ha subcontratado la llave de la frontera sur de Europa a la buena voluntad de Marruecos». Algo «inadmisible», porque «la seguridad de Europa no puede defender de una nación extranjera». Y menos aún de una nación que utiliza a sus ciudadanos como si fueran naipes para jugar su partida política.
Durante la comparecencia que ofreció el miércoles desde Ceuta, el líder popular repitió en varias ocasiones que su deseo, «y siempre lo ha sido», pasa por tejer alianzas con Marruecos. Pero añadió: «La reciprocidad se basa en el respeto mutuo, la lealtad y la confianza. Estos son los principios».
Es más, entonó las palabras más severas que se le recuerdan hacia el régimen alauí: «España no busca enemigos, no busca conflictos, no amenaza a nadie. Pero España no va a admitir amenazas ni chantajes». Feijóo aclaró que no tiene «ningún interés en buscar ninguna enemistad», pero reconoció –en alusión al ministro de Justicia alauí, que puso en duda la españolidad sobre Ceuta y Melilla– que «hay declaraciones que no ayudan en nada» a la relación de «lealtad, amistad y confianza».
A día de hoy, y a pesar de lo ocurrido con el asalto masivo en la frontera, Feijóo sostiene que, si es elegido presidente de España, su primera visita institucional será a Marruecos. Una tradición no escrita que habían seguido todos los presidentes españoles de la democracia hasta que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, que cambió el destino por Francia.
Cuestión aparte es si un Ejecutivo liderado por Feijóo enderezará el volantazo histórico que dio Sánchez sobre la soberanía del Sáhara occidental. La principal duda que tiene Marruecos sobre el PP, que nunca ha querido zanjar la incógnita. Aunque lo cierto es que Génova siempre se ha mostrado muy crítica con aquella decisión y, en el Parlamento, ha apoyado numerosas resoluciones en favor del «derecho internacional». Lo que le sitúa, a día de hoy, a favor de volver a la casilla inicial.
En el último congreso nacional del PP, que se celebró hace poco más de un año, Feijóo decidió invitar al representante del Frente Polisario en España, Abdullah Al-Arabi. Un gesto que incomodó sobremanera a Marruecos, que hizo constar su malestar con el PP en los medios afines, que recogieron acusaciones como mantener una «actitud hostil» con el régimen, «hipócrita» e incluso «antimarroquí». El diario marroquí Goud incluso publicó un editorial en el que escribía: «El PP juega con fuego».
En el pasado, en tiempos de José María Aznar, tuvo lugar en España el mayor incidente diplomático con Marruecos con la invasión terrestre del islote de Perejil, que se resolvió con una intervención militar. Desde entonces, el régimen alauí siempre ha mirado con recelos a la formación conservadora. A pesar de que el paso de Mariano Rajoy por la Moncloa se saldó sin grandes tensiones.
Ahora, la cúpula del PP sostiene que la obligación es «llevarse bien con Marruecos». Por algo tan simple como que «nadie se quiere llevar mal con su vecino».