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Otro verano negro en España: 308 ahogamientos en lo que va de 2026

Las llamas y el fuego se han convertido en la imagen más repetida del verano en España en los últimos años. Sin embargo, existen otros problemas cuando llega el calor y las playas y piscinas se llenan de bañistas. Se trata de los ahogamientos, una alarma silenciosa que cada año se cobra cientos de vidas en nuestro país, y que en lo que llevamos de 2026 ya ha alcanzado un récord histórico, con 308 víctimas mortales que han fallecido en el agua, según el Informe Nacional de Ahogamientos que elabora la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (Rfees).

El dato corresponde al periodo entre el 1 de enero y el 31 de julio, mes en el que murieron 91 personas, las mismas que en julio de 2025. Junio fue todavía peor, con 92 fallecimientos. Son dos meses consecutivos por encima de las 90 víctimas, coincidiendo con el inicio de la temporada de baño.

La fotografía de este verano no es algo aislado. En 2025, España cerró el año con 472 muertes por ahogamiento no intencional, el segundo peor registro de la serie histórica, solo por detrás de 2017. La cifra elevó a más de 4.600 las personas fallecidas en once años. El problema no termina cuando acaba agosto: el agua mantiene su capacidad de convertirse en una trampa todo el año.

¿Quiénes son las principales víctimas? Los datos de 2026 ofrecen una respuesta clara. Los hombres representan 240 de las 308 muertes registradas hasta julio, cerca del 80%. Y el riesgo aumenta con la edad. El grupo de 65 a 74 años suma 56 fallecidos, seguido por los mayores de 75, con 52, y las personas de entre 55 y 64 años, con 37. También hay 31 menores entre las víctimas.

El perfil coincide con el observado en 2025. Entonces, el 81,5 % de las víctimas fueron hombres y más de la mitad de los fallecimientos eran personas mayores de 45 años. No se trata únicamente de capacidad para nadar. La edad, la movilidad, el exceso de confianza o una mala valoración del entorno transforma un baño en una situación de riesgo.

Las playas siguen siendo el escenario más frecuente. En julio concentraron 45 muertes, prácticamente la mitad de todas las registradas durante el mes. Pero el peligro está lejos de limitarse al litoral. Hubo 19 fallecimientos en piscinas, 18 en otros espacios acuáticos y nueve en ríos. En el conjunto de 2026, casi seis de cada diez muertes se produjeron fuera de las playas.

La vigilancia es otro de los grandes factores. En 2025, 220 personas murieron en lugares sin servicio de socorrismo, 200 en espacios que sí disponían de él pero donde no estaba activo y 52 en zonas con vigilancia. Tener un socorrista cerca reduce riesgos, pero no convierte el agua en un lugar sin peligro.

Ahí aparece uno de los problemas que señala Susana Rodríguez, presidenta de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo. La profesionalización ha avanzado, pero persiste una dificultad: que los bañistas entiendan que las indicaciones del socorrista no son opcionales. «Los socorristas no tenemos autoridad, no multamos, y como no multamos… El socorrista hay que pensar que nació como voluntario, el voluntario de protección civil o de la Cruz Roja que estaba en las playas y, bueno, no se le hacía caso, es cierto. Cada vez nos estamos profesionalizando más y lo que buscamos es la prevención de accidentes. Con lo cual la gente sí es cierto que no es consciente, y no hace caso muchas veces de las indicaciones del socorrista».

El valor de la prevención

La prevención es la palabra clave. Bañarse en zonas autorizadas y vigiladas, respetar la señalización, comprobar las condiciones del agua y mantener una supervisión constante de los menores son medidas básicas. En las piscinas privadas, además, el vallado perimetral, las alarmas de caída al agua y los elementos antideslizantes pueden marcar la diferencia.

Con los niños, la atención debe ser permanente. En julio fallecieron 12 menores y el acumulado de 2026 asciende a 31. El año pasado fueron 47. Cada muerte infantil tiene un elemento común: se trata de un desenlace que en muchos casos puede evitarse con vigilancia, educación acuática y una respuesta rápida.

Hay una última recomendación si se presencia un ahogamiento: no lanzarse al agua para intentar salvar a otra persona si no se cuenta con formación y medios adecuados. La desesperación puede convertir a quien intenta ayudar en una segunda víctima. Lo correcto es avisar rápidamente al socorrista o, si no hay vigilancia, llamar al 112.

El verano español seguirá llenando playas, piscinas, ríos y embalses. Pero los hasta ahora 308 fallecidos recuerdan que la seguridad no puede darse por hecha. Detrás de cada cifra hay una vida que podría haber continuado siguiendo unos consejos básicos.

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