La duración de los contratos es la más baja en 20 años
La reforma laboral impulsada por la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, esconde detrás una temporalidad encubierta, una contratación que sigue siendo precaria, una tendencia a la reducción de horas trabajadas y una ralentización de los contratos indefinidos, que han reducido drásticamente su duración. Los datos evidencian que la contratación indefinida ha frenado su avance al producirse los mayores incrementos en los contratos en los de tiempo parcial, con una progresión en torno al 6%, y un estancamiento entre los fijos discontinuos, lo que muestra que el mercado laboral continúa muy afectado por la estacionalidad.
La duración media de los contratos se ha reducido drásticamente, hasta situarse por debajo de los 46 días, una cifra que es siete días inferior a la de 2021, según se extrae de los últimos datos oficiales del SEPE. Y la contratación indefinida es la que más se está resintiendo, bajando de los valores en los que se situó en 2022. Los contratos indefinidos están por debajo del 40% del total de contratos. Por tanto, la precarización de las firmas de larga duración es un hecho tras la reforma laboral. Es evidente que se firman más contratos sin fecha de caducidad, pero tienen una duración cada vez más corta. Desde 2022, en torno a un millón de personas han firmado un contrato indefinido que no ha superado el año de duración. Con este dato, los problemas de temporalidad se han trasladado de los trabajadores que encadenaban contrataciones de tipo temporal a hacerlo con los que firman contratos indefinidos que, al final, son de corta duración.
Contratación temporal
Según los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), en julio se registraron un total de 1.587.141 contratos, un 0,12% menos que en el mismo mes de 2025, de los que 617.211 fueron indefinidos, el 38,89% de todos los contratos, solo un 1,19% más que en julio de 2025 y muy lejos del 50% que rozó los dos primeros años de la reforma impulsada por Díaz. Además, los contratos temporales superaron los 969.000, que aunque son un 0,93% menos que en el mismo mes de 2025, representan el 61% de la contratación efectuada en el séptimo mes del año.
Así, uno de cada cinco contratos (19,4%) que se firmaron en el mes (308.861) duraron menos de una semana, mientras que 82.741 contratos (el 5,2% del total) duraron entre 7 y 15 días. Además, se firmaron 137.051 contratos con una duración de entre 15 días y un mes, el 8,6% del total, y 273.138 de entre un mes y tres meses, el 17,2%, según recopila EP. De esta forma, el 33,3% de los contratos de julio presentaron una duración inferior o igual a un mes, y la mitad, el 50,4%, de tres meses o menos.
Especialmente preocupantes siguen siendo las bajas en la afiliación a la Seguridad Social de trabajadores indefinidos que no superan el periodo de prueba, que se han multiplicado casi por ocho en los tres últimos años. Según los datos del último estudio del mercado de trabajo de USO, las bajas totales causadas por no superar el periodo de prueba se han disparado desde septiembre de 2021 –antes de la aprobación de la reforma laboral– casi un 70%. Pero esta es solo la tercera causa de baja en el Régimen General, ya que están por delante las que se producen por el paso a la inactividad de los trabajadores fijos discontinuos y las dimisiones o bajas voluntarias. Con datos de la Seguridad Social, las bajas de los fijos discontinuos se han multiplicado por casi ocho desde 2023, en tanto que las dimisiones se han incrementado más de un 50%. El número total de bajas alcanza un 12% más que en el primer año de vigencia de la reforma. De ellas, las que las correspondientes a aquellos que tenían un contrato indefinido se acercan al 50% del total.
Ya son cinco años consecutivos en los que la duración media de los contratos de julio ronda los 45 días. Antes de 2022, año en que la duración media de los contratos de julio fue de 45,85 días, este indicador presentaba cifras superiores, con alguna excepción dentro de la serie, como la de 2019 (47,05 días), que varía muy poco en relación al dato de este año. Pese a la reforma laboral, la duración media de los contratos de julio no sube de los 53 días desde 2013 y está muy lejos del máximo alcanzado en 2006, con 73,82 días de media.
Esta caída drástica de la duración contractual se produce pese al hecho de que la reforma laboral de 2021 introdujo penalizaciones a los contratos de muy corta duración y estableció oficialmente el contrato indefinido como ordinario. En concreto, la reforma laboral contempla una cotización adicional a pagar por los empresarios a la finalización de los contratos temporales de menos de 30 días que, actualmente, está fijada en 33,62 euros, un 3,1% más que en 2025. Esta penalización fue concebida como una forma de desincentivar a las empresas a hacer contratos muy cortos, de días o que llegasen apenas a cuatro semanas.
Instalados en la temporalidad
Pero tras cinco años de reforma laboral, la conclusión es que el mercado de trabajo español sigue instalado en la temporalidad, marcado por un sector servicios que tiene una espacio-tiempo contractual muy limitado. Pese a ello, el Ministerio de Trabajo defiende su reforma y aduce que la desaparición del contrato de obra y servicio establecida en la reforma laboral de 2021 ha hecho que los datos de los últimos años «no sean estrictamente comparables con los más antiguos recogidos en la serie del SEPE». Por eso creen que la explicación tiene que ver con que el contrato por obra y servicio, que antes de la reforma laboral suponía cerca del 40% de la contratación en España y podía durar meses o años, «afectando, por tanto, a los datos de duración media». Al salir ese contrato de la estadística –que Trabajo suprimió por considerar que se utilizaba a menudo para cubrir trabajos que tenían carácter indefinido– se ha producido un recorte en la duración media de los contratos y «se refleja en mayor medida qué duración real tiene la contratación temporal que se hace en España».
Fuentes ministeriales han mostrado en diferentes ocasiones su «preocupación creciente» por esta situación, y hacen culpables a los empresarios, pero no asumen responsabilidades por no haber funcionado su sistema de penalización para las empresas, ya que estas han tenido que recurrir a contratos indefinidos y ordinarios de muy corta duración para poder cubrir sus bajas o sus necesidades.
El «think tank» Fedea recuerda que aunque se ha bajado la tasa de temporalidad a la media europea, simplemente «se ha replicado casi exactamente la situación anterior en términos de temporalidad, estabilidad laboral y precariedad para los trabajadores pero con un tipo de relación contractual indefinida». Sus analistas «no encuentran grandes diferencias estadísticas entre ellos, excepto por una disminución de la destrucción de empleo a final de mes, que se ha reducido mínimamente». Por ello, la conversión de trabajadores temporales en indefinidos ha elevado la «mortalidad» de los indefinidos ordinarios.
Para este «think tank», poner restricciones a la contracción temporal como hizo la reforma laboral de 2021 «era necesario, pero no suficiente». Por ello, Fedea considera que si estos patrones se consolidan en el tiempo, será necesario contemplar nuevas medidas, entre ellas la implantación de un sistema «bonus-malus» para penalizar la «rotación excesiva» que afecta a muchos trabajadores que ahora tienen contratos indefinidos y premiar a aquellas empresas que, por el contrario, rotan poco. Fedea cree que la reforma laboral ha generado una auténtica «transformación de la contratación» en España, aunque avisa de que la duración media de los contratos indefinidos ordinarios se ha reducido en unos 100 días con respecto a antes de la reforma, «algo preocupante».