World News in Spanish

Puente se ofrece, Sánchez toma nota

E l sanchismo es un modelo de poder extremadamente personalista que ha ido seleccionando un arquetipo de dirigente que renuncia a su propio criterio en favor de la fidelidad al líder. Lo hace para subsistir, no por ideología, y renuncia a la elaboración política en favor de la agresividad comunicativa, cuestión que le resulta mucho más valiosa ante la confrontación porque oculta su total incapacidad para integrar.

Uno de los mejores ejemplos de este producto político del sistema es Óscar Puente, que está siendo noticia porque ha mostrado abiertamente su predisposición a suceder a Pedro Sánchez.

De sus palabras se infieren dos cuestiones. La que más ha llamado la atención es que el núcleo duro del líder socialista, al plantearse la sucesión, reconoce públicamente que se va a producir en el corto plazo un cambio de liderazgo. Eso implica que en sus cálculos se computa una derrota electoral severa en las próximas generales.

A la vista de los resultados autonómicos de los últimos meses, esta predicción ha ganado fuerza y, en esa línea, se ha ido abriendo la batalla por la sucesión. Primero, de manera soterrada. Ahora que se acerca la fecha de las elecciones, más explícita, y están empezando a salir a la superficie los que ambicionan el sillón de Sánchez.

Óscar Puente compite con Félix Bolaños, otro de los aspirantes que trabaja sin tanto ruido externo, pero moviendo sus hilos en lo interno del partido. Su última escaramuza ha sido apoyar a Enma López en Madrid, que compitió con Reyes Maroto para la candidatura a la alcaldía de Madrid, hecho que ha molestado en el Palacio de la Moncloa.

La segunda reflexión a la que nos conducen las palabras de Puente es de más calado: Sánchez no ha preparado una sucesión, ha preparado un ecosistema en el que prosperan mejor quienes más se parecen a las necesidades políticas del líder. Es decir, quienes demuestran disciplina hacia arriba y agresividad hacia fuera.

Puente llegó a decir que Sánchez era el Michael Jordan del PSOE. Es posible que la comparación revele más sobre Puente que sobre Sánchez, porque los partidos democráticos no necesitan estrellas alrededor de las cuales giren los demás, necesitan líderes capaces de dejar detrás un partido mejor que el que encontraron.

El legado de Sánchez no será su famosa resiliencia, sino lo que va a quedar cuando ya no esté. Puente es un heredero cultural del sanchismo, entiende la política como combate permanente, las redes sociales como parte del Consejo de Ministros, a los adversarios los convierte en enemigos y confunde notoriedad con liderazgo.

Por eso, la auténtica noticia no es que Puente se haya mostrado disponible para esa sucesión, sino que nadie se haya echado a reír ante la posibilidad de que eso ocurriese. Puente nunca será secretario general del PSOE ni presidente del Gobierno, pero lo relevante es que hoy hay quien pueda imaginarle como heredero natural de una cultura política construida desde la llegada de Sánchez a la dirección socialista. El problema no es Óscar Puente, es el PSOE que ha construido Sánchez y al que Puente le parece una solución.

Sánchez no está dispuesto a designar un sucesor porque quiere seguir dirigiendo el PSOE, incluso cuando deje de ser presidente. Pero, aunque quisiese hacerlo, no podría, porque el poder que ha acumulado no es transmisible. No porque sea tan brillante que lo convierta en irrepetible, sino porque es extremadamente personalizado.

Los liderazgos institucionales dejan sucesores, los personalistas dejan organizaciones vacías, un elenco de cortesanos y una pelea por la herencia. Felipe González dejó un banquillo de figuras nacionales, intelectualmente potentes y políticamente de primer orden, ministros con mucho peso propio y, asimismo, presidentes autonómicos capaces de discutirle. Dejó una organización con densidad política.

Sánchez no solo dejará un problema de sucesión, dejará un problema de reconstrucción. Ha vaciado el PSOE de liderazgos capaces, de ideas que existan al margen de sus necesidades personales en cada coyuntura y de los principios y valores que hacían del socialismo una ideología, que compartida o no, era respetable para la mayoría.

Por eso la cuestión no es que Óscar Puente quiera suceder a Sánchez, sino que después de 12 años de Sánchez al frente del Partido Socialista pueda parecer uno de los pocos sucesores posibles.

Читайте на сайте