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María Luisa de Borbón, la infanta que desafió a Napoleón

La historia de la Guerra de la Independencia ha cambiado mucho en las dos últimas décadas. Desde la historia política y cultural, hasta la militar y de género. En estas narrativas, el papel de los Borbones queda limitado a un segundo plano, entre el enfrentamiento entre Carlos IV y su hijo Fernando, la marcha de la familia en Madrid que provoca el Dos de Mayo, y la entrega del reino al Emperador de Francia en Bayona. No obstante, quedaba una figura por estudiar. El catedrático Antonio Manuel Moral Roncal ha rescatado la figura de María Luisa de Borbón (1782-1824) en su nueva obra, «Una infanta frente a Napoleón» (Ediciones Encuentro), quien se atrevió a desafiar al hombre que mantenía a Europa bajo su bota.

Nacida en el esplendor de La Granja de San Ildefonso, María Luisa no fue educada para gobernar. Su destino inicial era el de reina consorte, una pieza en el tablero de alianzas de Manuel Godoy y sus padres, Carlos IV y María Luisa de Parma. Tras casarse a los trece años con su primo Luis de Parma, se convirtió en Reina de Etruria (la actual Toscana) en 1801.

La obra de Moral Roncal detalla cómo esta joven, que enviudó con apenas veinte años, asumió la regencia de su hijo Carlos Luis en un territorio que era, de hecho, un estado satélite francés. En lugar de limitarse a seguir las consignas de París, María Luisa desarrolló una política propia, apoyada en su madre y en Godoy, para preservar la autonomía de su reino y defender los intereses españoles en Italia. El autor desmonta el mito de que fue un títere napoleónico. La española revirtió políticas laicistas y promovió que Toscana fuera defendida por sus habitantes. Esto le ganó el recelo de la administración francesa.

Renuncia

El punto de inflexión de su vida, según se lee en la obra de Moral Roncal, tuvo lugar en mayo de 1808. Al llegar a Bayona, su hermano Fernando VII le comunicó la renuncia al trono español en favor de Napoleón, lo que provocó en María Luisa un deseo de venganza y resistencia. Así, mientras el resto de los Borbones aceptaban con servilismo el exilio dorado en tierras francesas, María Luisa decidió escapar de la jaula de oro en la que se encontraba.

Moral Roncal revela también que la Infanta impulsó dos planes de fuga dignos de una serie televisiva o de una novela. El primero, coordinado con un comerciante, pretendía llevarla hasta las costas de Niza para embarcar hacia Sicilia o territorio defendido por los británicos.

El segundo, más elaborado, involucró a un noble florentino y llegó a alcanzar las altas esferas del gobierno inglés del rey Jorge III. Ambos planes fracasaron debido a delaciones y a la vigilancia de la policía de Napoleón. No obstante, estos intentos tuvieron consecuencias: varios de sus colaboradores pagaron con la vida y María Luisa, por su parte, fue encerrada durante dos años en un convento romano.

Más allá de la intriga política, el libro retrata a una mujer muy interesante. Moral Roncal destaca su labor como mecenas de las artes y como una apasionada melómana, llegando incluso a componer sinfonías. En un mundo de hombres, utilizó la cultura como una herramienta de prestigio para la Corona española, promocionando a artistas como el pintor José Aparicio Inglada. Tras la caída de Napoleón, María Luisa no se retiró a la vida privada. Con una tenacidad asombrosa, intentó que el Congreso de Viena reconociera sus derechos dinásticos sobre Etruria, y mantuvo una incesante correspondencia con Fernando VII para conseguirlo. Aunque no recuperó Etruria, logró ser reconocida como soberana del Ducado de Lucca, donde gobernó como una de las últimas déspotas ilustradas desde 1815 hasta su muerte en 1824.

Una de las aportaciones más relevantes de Moral Roncal es el desmontaje de la propaganda negativa sobre María Luisa, a la que se criticaba por su aspecto físico (era poco agraciada), o era acusada de colaborar con el invasor francés. Al compararla con su hermana, Carlota Joaquina, reina consorte de Portugal al estar casada con Juan VI, el autor sugiere que las mujeres de la familia real fueron las que mejor supieron articular fórmulas de supervivencia para la dinastía en un momento de crisis absoluta.

En conclusión, Manuel Moral Roncal nos entrega un riguroso estudio académico y, a la vez, un relato apasionante, que bien podría pasar a la gran pantalla. Logra que el lector descubra a una infanta valiente e inquieta, opuesta al emperador Napoleón, culta, y que prefirió la prisión al servilismo. María Luisa de Borbón, en definitiva, fue una mujer que supo plantar cara a la vida política y bélica con audacia real.

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