Cambias las sábanas, lavas las fundas y aun así la almohada amarillea: esta es la razón
En la limpieza y mantenimiento del hogar, siempre hay algunas zonas que se resisten incluso a los más cuidadosos. Sin embargo, también se dan muchos casos en los que el color amarillento que comienza a aparecer, como en los aires acondicionados más antiguos o, incluso, en las almohadas, no se debe a suciedad, sino a una combinación de factores.
Muchas personas asocian una almohada amarilla con la falta de higiene y de cuidado. No obstante, según los expertos, esta coloración puede deberse simplemente a la humedad o a algunos residuos que puedan caer en su superficie. Por ello, aunque se cambie asiduamente su funda, a veces parece inevitable que el amarillo tiña este elemento tan imprescindible en el descanso.
¿Por qué se pone amarilla la almohada?
La razón detrás de este molesto color no es más que el uso constante de la almohada. Mientras las personas duermen, es inevitable que entre en contacto con ella tanto la grasa de la piel o el sudor, como los productos utilizados para el cuidado del rostro y del pelo o, simplemente, la humedad de este si se acostumbra a dormir con el cabello mojado.
Estos residuos, si no se cuenta con una funda de almohada impermeable, atraviesan la tela protectora y acaban en contacto directo con la cubierta y el relleno. Si este contacto se vuelve frecuente, provoca que se vayan acumulando los residuos emitidos durante el descanso, lo que va provocando que un color amarillo comience a extenderse en aquellas zonas en las que se acostumbra a poner la cabeza.
La humedad potencia la aparición de ácaros y hongos
Por ello, existen determinados factores que aumentan las posibilidades de que este color se presente antes o después. En primer lugar, aquellas personas que se acuestan con el cabello mojado provocarán que la almohada retenga una mayor cantidad de humedad, lo que no solo potencia la aparición de este color, sino también el crecimiento de hongos, bacterias o ácaros.
Esta precaución también es aplicable al cuidado del colchón, por lo que aquellas personas que acostumbren a darse una ducha antes de acostarse, deberán secarse por completo antes de meterse en la cama. Asimismo, lo que los expertos aconsejan es ventilar regularmente la habitación. Esto no solo mejorará la higiene y la salubridad, sino que mejorará el descanso.
¿Cuándo se debe cambiar la almohada y cómo cuidarla?
Sin embargo, por muchos cuidados y precauciones que se tengan, siempre habrá un momento en el que se deban cambiar tanto las almohadas como el colchón. Aunque presenten un ligero color amarillo, esto no quiere decir que deban sustituirse por unas nuevas. Asimismo, se debe tener en cuenta el material del que están hechas, pues de este dependerá su tiempo de vida útil.
Las almohadas más comunes, es decir, las de fibras sintéticas, suelen cambiarse cada 1 o 2 años, tanto porque en este tiempo suelen perder volumen y firmeza, como por razones de higiene. En el caso de las de látex o viscoelástica, estas suelen durar entre 2 y 4 años, aunque cabe tener precaución con los ácaros. Asimismo, se deberán cambiar en caso de que comiencen a presentar un olor desagradable, manchas oscuras o signos de moho.
Para garantizar la vida útil de la almohada y mejorar la salubridad en el hogar, lo más recomendable es utilizar una funda de almohada impermeable y lavable. Esto reducirá considerablemente la cantidad de líquidos y residuos que acaban acumulándose en el relleno. Asimismo, se deberá lavar tanto la funda como la almohada de manera periódica, siempre que su material lo permita, y dejarlas secar correctamente.