Batallas por el "aura": cuando gustar tiene puntuación
En las últimas semanas estivales, las plazas de ciudades como Madrid, Córdoba, Granada, Sevilla, San Sebastián, Vigo, Mallorca o Canarias se han convertido en improvisados escenarios de competición. Pero no de una cualquiera: en ellas se libran ahora las llamadas batallas por «farmear aura», un fenómeno nacido en las redes sociales que ha conquistado a los jóvenes. Se trata de una especie de torneo en el que los participantes tratan de demostrar quién proyecta más carisma o presencia a través de gestos, poses, miradas y movimientos.
Este concepto, cuyo origen está en el universo del videojuego, ha dejado de ser un fenómeno digital para trasladarse al espacio público. Pero, ¿cuál es su origen y por qué llama la atención de los jóvenes?
La expresión comienza a aparecer en el mundo digital en enero de 2024, y a lo largo de ese año se extiende especialmente en comunidades vinculadas al anime (género de animación de origen japonés) y la cultura de los memes (imágenes, vídeos o textos con fines humorísticos).
La palabra «farmear» procede del lenguaje de los videojuegos, donde se emplea para referirse a repetir acciones con el objetivo de conseguir recursos o puntos. «Aura», en la jerga de internet, empezó a utilizarse para hablar del carisma, presencia, seguridad o capacidad de alguien para resultar impresionante. Es decir, alguien «tiene aura» cuando desprende una especie de magnetismo o transmite que es «guay». En comunidades online deportivas, especialmente alrededor del fútbol y el baloncesto, los aficionados empezaron a hablar del «aura» de determinados jugadores para referirse a esa capacidad de imponer presencia, transmitir seguridad o parecer especialmente carismático. Por tanto, «farmear aura» significa, literalmente en clave de meme, hacer cosas para acumular «aura», como si el carisma fueran puntos que pudieran ganarse.
En mayo de 2024, TikTok empezó a popularizar esta idea basada en que el «aura» podía medirse imaginariamente en puntos. Así, alguien «gana aura» cuando realiza un gesto especialmente seguro, elegante o llamativo, mientras que puede «perder aura» después de protagonizar una situación embarazosa. El concepto funciona como si cada persona tuviera una especie de marcador invisible de reputación, algo que explica su enorme facilidad para convertirse en meme. Por ejemplo, hacer algo elegante significa +5.000 de aura, mientras que tropezarse delante de todo el mundo supone -1.000. Los números son deliberadamente absurdos: no existe una escala real. Es una forma de convertir el concepto de «ser guay» en una especie de videojuego social.
«Farmear aura» implica que, si puedes ganar puntos de aura, puedes intentar «farmearlos», es decir, hacer cosas que aumenten deliberadamente tu carisma o la impresión que causas en los demás. Y aquí se introduce una parte llamativa y preocupante de esta nueva moda: algo tan difícil de medir como el carisma se convierte, gracias a la lógica de los videojuegos y las redes sociales, en una puntuación imaginaria.
Sin duda, la necesidad de caer bien, destacar, obtener reconocimiento o encontrar un lugar dentro del grupo no es algo exclusivo de los adolescentes de hoy. Antes podía ser llevar determinada ropa, ser el gracioso de la clase, atreverse a hacer algo o aparentar seguridad. Ahora todo eso se engloba bajo la palabra «aura», y lo novedoso es que esa valoración puede convertirse en una especie de marcador.
La diferencia está también en cómo se recibe esa evaluación. Antes podía producirse en un momento concreto: hacer una broma y observar cómo reaccionaban los amigos. Ahora, en cambio, permanece: visualizaciones, likes, comentarios, seguidores, comparaciones con otros perfiles... En la adolescencia, la aprobación externa puede pasar a regular el estado de ánimo, y esto es lo que requiere especial atención.
Montse Escobar, psicóloga humanista de Monarka Clinic (Barcelona), explica en una entrevista para Ep que estas dinámicas permiten a los adolescentes experimentar con distintas formas de mostrarse ante los demás y obtener información sobre cómo son percibidos. A su juicio, no es necesario interpretar esta conducta desde la carencia ni asumir que quienes participan en ella tienen una baja autoestima: «El problema no está en jugar a tener más o menos aura, sino en creer que nuestro valor depende de la puntuación de los demás», señala.
Para Escobar, una de las claves para determinar cuándo la búsqueda de reconocimiento deja de formar parte del juego social está en observar qué sucede cuando desaparece la audiencia. «Hay una pregunta muy sencilla que puede ayudarnos a entender dónde estamos y es quién soy cuando nadie me está mirando», señala, antes de recordar que «el reconocimiento se puede disfrutar sin necesitarlo constantemente».