El plebiscito de Lima
Las elecciones subnacionales deberían ser el espacio donde los ciudadanos deciden quién resolverá los problemas más urgentes de su vida. En Lima, esos problemas son concretos. En Carabayllo y Puente Piedra, familias enteras siguen comprando agua en camión cisterna porque la red de agua potable nunca llegó a sus asentamientos. En Villa María del Triunfo, Lurín y San Juan de Lurigancho, hay barrios sin desagüe donde los niños crecen junto a aguas servidas. En Lurigancho-Chosica y Comas, los cerros siguen creciendo con habilitaciones informales porque el tráfico de terrenos opera con impunidad y el Estado mira hacia otro lado.
Ese crecimiento desordenado es el origen del caos del transporte, de la vulnerabilidad ante los desastres naturales como El Niño que se avecina y de la inseguridad que se instala donde el Estado ni siquiera está presente. Y son exactamente esos problemas los que las campañas cubren con discusiones ideológicas que movilizan emociones pero postergan soluciones.
Vale decir que ese juego no es exclusivo de un solo lado del espectro. Y se tratan de violencias estructurales que alimentan todas las demás, como la que ocurre cuando un ciudadano pierde 4 horas o más al día para ir a trabajar mientras las autoridades fomentan una ciudad de autos particulares y transporte informal y no una red pública de transporte integrado.
El analista Juan de la Puente dijo en una entrevista con este diario que por estas razones esta elección es un plebiscito. No de gestión sino de modelo. Una aprobación o un rechazo a una forma de ejercer el poder que privilegió la figura sobre el servicio y la continuidad sobre la rendición de cuentas.
Un alcalde que abandonó el cargo para postular a la presidencia, que renunció al Senado y que ahora pretende volver al sillón como primer regidor sin pedirle el voto a Lima para ese cargo. El ciudadano que el 4 de octubre marque su cédula estará respondiendo dos preguntas que van más allá del candidato: qué tipo de autoridad está dispuesto a exigir y qué precio está dispuesto a seguir pagando por una gestión que promete y abandona.
Los números del Instituto de Estudios Peruanos confirman la dimensión del momento. López Aliaga, en reelección impostada, y Carlos Bruce suman cerca del 40% de la intención de voto. El resto de candidatos no alcanza el 15% entre todos. Y hay un 42% de electores que aún no ha decidido. Ese bloque es el verdadero protagonista de esta campaña.
En ese sentido, los próximos comicios deberían responder a la demanda vecinal por una autoridad edil a la cual se le pueda exigir rendición de cuentas o un alcalde que trabaje de espaldas a la ciudadanía, como ha sucedido hasta ahora.