El insulto es civilizatorio. Lo deseable es la buena educación, claro, como dormir ocho horas o prescindir del asesinato como método de resolución de conflictos. Pero las libertades las ensanchan los impertinentes y los deslenguados, no los atildados y los melindres. De hecho, Orwell afirmaba que si la libertad significa algo es, precisamente, el derecho a decirle a los demás aquello que no quieren escuchar. Así, una buena prueba del algodón de la salud democrática de una sociedad sería su tolerancia a la blasfemia... Читать дальше...