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El joven sacerdote Juan Orduña revela que su salario no llega a los 1.200 euros: "No tengo grandes lujos, pero me da para invitar a comer"

La cuestión del estipendio que reciben los sacerdotes suele ser un asunto rodeado de cierta opacidad, pero Juan Orduña, un joven cura español, ha decidido abrir la ventana de par en par. Durante su participación en el pódcast La Pera de Jobs, el religioso respondió sin reservas a la pregunta sobre cuánto dinero entra en su cuenta cada mes.

La cifra, según admitió, no alcanza los 1.200 euros, una cantidad que se sitúa por debajo del salario mínimo interprofesional. "No llega a mil doscientos, ¿vale? Y de ese hay que quitar lo que me quitan de la jubilación y ya está", precisó ante los micrófonos del programa, citado como fuente de esta información.

Lejos de transmitir queja o amargura, Orduña expuso su economía doméstica con mucha naturalidad. El secreto para cuadrar las cuentas con ese ingreso reside en la estructura de gastos que conlleva su ministerio. "Yo no tengo que pagar piso, no tengo que pagar luz, no tengo que pagar agua", enumeró, para añadir a renglón seguido un matiz importante: "Pero la gasolina sí, eso no...". Ese desembolso en desplazamientos representa, según dejó entrever, una de las pocas partidas que merman su presupuesto mensual.

Una vida sin alardes

El testimonio del joven sacerdote derriba el tópico de una existencia precaria y lo sustituye por el relato de una vida austera pero desahogada. "Tampoco yo tengo unos grandes lujos, pero sí me da para invitar a gente a comer", afirmó, equiparando su nivel de vida al de cualquier otro joven de su generación. La comparación no fue casual: "Lo mismo que vosotros, eso tampoco es un dineral", apostilló dirigiéndose a los entrevistadores.

Orduña también detalló que su remuneración incluye un período de descanso que se ajusta a lo estipulado para cualquier trabajador. "Sí, 30 días", respondió al ser preguntado por las vacaciones, un dato que completó con una peculiaridad propia de su oficio: "Eso más siete días de ejercicios espirituales". Esa semana adicional de retiro religioso, lejos de ser un periodo de asueto al uso, constituye una práctica de recogimiento y oración que la tradición eclesiástica contempla para los presbíteros.

Transparencia total ante una pregunta que todos nos hemos hecho

La intervención de Orduña en La Pera de Jobs llama la atención precisamente por la transparencia que exhibe al hablar de un tema tan privado como su salario, más aún cuando nos paramos a pensar en la curiosidad que siempre ha generado la vida personal del credo.

La confesión del joven cura, expresada sin victimismo y con un punto de desenfado, aporta un dato concreto a esa conversación: un sacerdote puede cobrar menos de 1.200 euros y, al mismo tiempo, declarar con franqueza que "uno llega bien".

La combinación de vivienda facilitada por la diócesis, suministros cubiertos y un estilo de vida sin pretensiones configura un modelo económico que, sin ser holgado, permite a Orduña vivir con dignidad y ejercer lo que él mismo describe como su auténtica vocación.

"No voy mal", explicó ante las risas cómplices de los presentadores.

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