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Diez años sin el padre del Capitán Trueno: así desafió Víctor Mora al franquismo

¿Quién no conoce a El Capitán Trueno? El caballero de la armadura, la espada y el grito de guerra que acompañó a varias generaciones de españoles nació hace ya setenta años de la imaginación de un hombre que, sin embargo, sigue siendo bastante menos conocido que su criatura. Víctor Mora, el padre de El Capitán Trueno, murió tal día como hoy hace una década, dejando tras de sí una de las obras fundamentales de la cultura popular española del siglo XX.

Mora creó al personaje en 1956 junto al dibujante Ambrós. Y aquello que podía parecer un simple tebeo de aventuras medievales escondía bastante más. Porque mientras Trueno viajaba por castillos, mares y tierras lejanas, su creador aprovechaba sus peripecias para colar, con mayor o menor disimulo, algunas ideas bastante poco cómodas para la España de Franco: la defensa de los débiles, la justicia, la libertad y la convivencia entre personas de diferentes culturas y religiones.

No era casualidad. Víctor Mora había militado en el PSUC, había sufrido la represión franquista y terminó exiliándose en Francia. Conocía bien el régimen contra el que escribía. Y también sabía que una proclama política tenía muchas más posibilidades de ser tachada por la censura que una aventura protagonizada por un caballero medieval.

Así que Mora hizo lo que hacen los buenos escritores cuando tienen un censor delante: esconder el mensaje. El Capitán Trueno podía enfrentarse a un tirano, cuestionar el abuso de poder o hacerse amigo de alguien de otra religión sin que aquello pareciera, en principio, una lección política. Pero lo era.

La censura, naturalmente, también tenía ojos. Algunas aventuras fueron modificadas y llegaron a eliminarse armas de las viñetas. Pero el juego de Mora consistía precisamente en ese equilibrio entre lo que podía decir y lo que podía publicar. Bajo la capa del héroe medieval cabía una España bastante más libre que la real.

El éxito fue descomunal. El Capitán Trueno llegó a vender cientos de miles de ejemplares y convirtió a Mora en uno de los grandes nombres de la historieta española. Después llegarían otros personajes como El Jabato y El Corsario de Hierro, además de novelas y una extensa trayectoria literaria.

Hoy, diez años después de su muerte, quizá merezca la pena volver a las páginas de aquellos tebeos. Porque Víctor Mora no sólo creó un héroe que luchaba contra villanos. En plena dictadura, consiguió que miles de niños crecieran admirando a un personaje que, en el fondo, defendía algo mucho más peligroso: que nadie debería tener derecho a mandar injustamente sobre los demás.

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