La violencia marca la campaña en Colombia
El próximo 31 de mayo, los colombianos acudirán a las urnas para elegir a un nuevo o nueva presidente del país. El sistema exige la celebración de una segunda vuelta en caso de que una candidatura no alcance el 50% de los votos. A juzgar por los números de las encuestas, es muy probable que las urnas electorales se reabran en el mes de junio para que los colombianos definan a la próxima administración entre dos opciones.
Hoy, el sucesor del actual mandatario, Gustavo Petro, se encuentra liderando las encuestas. Se trata del legislador de izquierdas, Iván Cepeda; senador e hijo de un exguerrillero comunista asesinado en 1994 a manos del ejército colombiano. Según algunas mediciones, Cepeda obtendría alrededor del 40 % de los votos. Por su parte, tanto el outsider de derechas y cercano a VOX en España, Aberlardo de la Espriella, como la candidata del uribismo de centroderecha, Paloma Valencia, merodean, individualmente, el 20 % en intención de voto. En una segunda vuelta y aplicando un careo de Cepeda con cada uno, la candidata se posiciona mejor que De la Espriella; sin embargo, y sobre la base de esas mediciones, Cepeda ganaría también en esa segunda contienda con más de 10 puntos de ventaja.
Durante el último fin de semana de abril, Colombia se estremeció por la muerte de 20 personas tras el atentado por parte de grupos criminales que se disputan zonas en el departamento del Cauca, en el suroeste del país. La campaña se ve atravesada por esta tragedia, que resulta la peor en 20 años. Petro ha condenado el incidente pero ha eludido su responsabilidad, protegiendo la imagen de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y centrando el problema, únicamente, en los grupos de narcotráfico. Sin embargo, la conclusión del presidente arroja una falsa dicotomía. La historia demuestra que tanto el grupo guerrillero como los narcotraficantes forman parte del mismo esquema criminal. El análisis enrevesado busca proteger los acuerdos de una pseudo paz con las FARC.
El problema de la violencia ha resurgido, por desgracia, como el ave fénix. Luego de períodos de paz en el país, donde parecía que la bestia del narcotráfico estaba domada, nuevamente somos testigos de una desgracia que enluta a los colombianos y marca un nuevo capítulo en la campaña electoral, a un mes de la elección.
Lo dantesco de la coyuntura coincide con la política laxa en contra del crimen organizado que el Gobierno de Petro ha decidido sobrellevar durante cuatro años. Esto provoca, nuevamente, que la violencia sea el eje del debate político y electoral en lo que resta de campaña. Por ahora, Cepeda parece estar inmune a la política fallida de su jefe político. Sin embargo, tendrá que ser la alternativa democrática a este gobierno quien plantee un futuro optimista a los colombianos: uno que venza el miedo y que, al mismo tiempo, recupere la paz que una vez conquistó hace quince años.