Cumbres económicas borrascosas
Emily Brontë (1818-1848) tituló «Cumbres borrascosas» una novela, ahora considerada obra maestra de la literatura inglesa, que tuvo una acogida discreta cuando se publicó. «Cumbres borrascosas» es el nombre de una finca, escenario de ambiciones y relaciones personales complejas y crueles. También, de negocios más o menos claros. La descripción encajaría con el escenario geopolítico y económico, en el que tienen su hueco la invasión de Ceuta, el rey Mohamed VI y sus relaciones con Trump, incluso vía Infantino, el tipo que manda en la FIFA.
«No nos engañemos, Estados Unidos sufre una crisis de deuda», escribía el martes Chris Giles en el Financial Times. «No se trata –añadía–, por supuesto, de una emergencia aguda, como los impagos de Argentina o los problemas de Grecia en la década de 2010, pero tiene las características de un desastre crónico que todos ven venir, pero que la Administración nunca hace lo suficiente para evitar».
Las alarmas se han encendido de forma más llamativa cuando la deuda pública USA ha superado la barrera psicológica de los 40 billones –con «B» mayúscula de barbaridad– de dólares. La cifra, no obstante, hay que matizarla, como ha hecho Judith Arnal a título personal o como investigadora de FEDEA, porque también es miembro del consejo del Banco de España, que gobierna José Luis Escrivá: del total de la deuda USA, 7,2 billones es deuda interfederal, que el Gobierno se debe a sí mismo –algo parecido a la consolidación de la deuda de la Seguridad Social y las Autonomías–, mientras que los otros 32,3 billones están en manos del público, Estados extranjeros incluidos.
La deuda pública estadounidense es el activo financiero más seguro del mundo. La hipótesis de un impago no se contempla, pero como es consecuencia de déficits monstruosos, los inversores cada vez exigen intereses más altos para prestar al Gobierno de Trump. Algunos, además, prefieren colocar su dinero en otros lugares y contra ellos –actores del mercado de bonos– ha cargado Scott Bessent, secretario del Tesoro americano. Anunció que duplicaría la recompra de bonos a largo plazo y puso nervioso al mercado. Semanas antes, había intervenido a favor del yen japonés, que estaba en apuros. No había nada altruista.
Japón es el mayor tenedor de deuda pública americana, con 1,11 billones según el Tesoro USA. Los japoneses estaban tentados de empezar a vender esa deuda para apuntalar su moneda. Eso hubiera repercutido en el dólar y por eso intervino Estados Unidos. Y es que la Administración Trump tiene muchos frentes abiertos en economía: la deuda, sean 32 o 40 billones, hipotecas al 6,7% y el galón del diésel a 5 dólares. Todo en vísperas de las elecciones parciales de noviembre. Hasta entonces, el equipo del inquilino de la Casa Blanca hará lo que sea para que haya estabilidad. Después, quizá lo desconocido. Judith Arnal también hablaba del «debasement trade» o «la apuesta de los inversores contra el valor del dinero fiduciario», sobre todo del dólar. Apuntaba que hay que observar si el oro y el bitcoin, activos con oferta limitada, suben al mismo tiempo, que es lo que ocurre ahora. Sería una señal de que los inversores buscan protección ante la depreciación de la moneda.
La Inteligencia Artificial (IA) y los Centros de Datos son otro foco de preocupación por las montañas de deuda que acumulan. Nvidia, la empresa de Jensen Huang, que presume de resultados, se ha endeudado en 500.000 millones de dólares solo en agosto, financiada por seis gigantes aliados como BlackRock, Blackstone, Apollo Global, KKR, Brookfield y Goldman Sachs. Para Larry Fink, director de BlackRock, «es el futuro de la alianza financiera».
Las compañías de IA y Centros de Datos –los mismos a los que, en España, Sánchez pondrá ahora trabas para castigar a las autonomías del PP con excusas medioambientales– prevén invertir la friolera de siete billones de dólares hasta 2030. Es un dinero que no tienen y se endeudarán para conseguirlo. Una montaña de deuda, en este caso privada, pero deuda. El problema es la rentabilidad y los expertos ven riesgos.
Lo ha resumido en el Financial Times Carlos Méndez, cofundador de Crayhill Capital, gestora de activos alternativos con sede en Nueva York, especializada en crédito privado: «Es como si estuvieras financiando una máquina de fax y luego alguien inventara el correo electrónico». Todo puede parecer muy lejano, pero está muy cercano, como los Centros de Datos en activo y en construcción en España, y Francia, en vísperas electorales, con problemas de deuda que acercan la inestabilidad. Ojo. «Cumbres económicas borrascosas», como se llamaría ahora la finca que imaginó Emily Brontë.