Mario de “El Raval”
La cocina es sencilla y genuina, el camarero, un rumano de Bucarest alto y delgado que creció en el borde de una doble religión, el catolicismo del padre y la fe ortodoxa de la madre, se mueve entre las mesas cubiertas con pesadas losas de mármol, estrenando un castellano de lengua tartamuda, pero a la vez muy gracioso, que genera empatía.