La pasada Diada dio imágenes poco halagüeñas para el independentismo. Torra inauguraba la jornada cantando «que tremoli l’enemic» con un hilillo de voz, inaudible bajo los acordes de la Marcha Real que sonaban desde altavoces de la resistencia al nacionalismo. Los apretadores amarillos podían pasear una guillotina, quemar fotos de políticos y del Rey, lanzar objetos a periodistas o implementar su nueva tradición pacífica y democrática, el asalto al Parlament; lo único que se iba a considerar «disturbio público» aquel día era el himno nacional. Читать дальше...