Un psicólogo en ChatGPT
Puede que la inteligencia artificial carezca de personalidad… de momento. Pero, también de momento, es evidente que los seres humanos tenemos la nuestra propia. Ahora, un nuevo avance en el estudio de la IA pone de manifiesto que la diferencia puede no ser tan grande como pensamos.
Expertos de la Universidad Hebrea de Jerusalén han comunicado en la revista «iScience» los resultados de su trabajo sobre test de personalidad realizados a través de ChatGPT. La intención de este informe era averiguar si las herramientas de inteligencia artificial son útiles a la hora de detectar trazas de la personalidad de los usuarios.
Es sabido que ChatGPT y otros programas de IA accesibles en el mercado basados en los llamados Modelos de Lenguaje Grandes (LLM) están diseñados para aprender y nutrirse del conocimiento compilado por miles de millones de fuentes disponibles en Internet. Tras años de implementación, estos programas han tenido un contacto permanente, analítico e intenso con los diferentes modos en los que se expresa el ser humano. Deberían ser grandes expertos en interpretar los sentidos de las frases, tonos, giros o errores que cometemos los seres humanos al comunicarnos. Los expertos de Israel se han preguntado sin esos años de aprendizaje, de contacto con millones de textos generados por millones de seres humanos, ha convertido a asistentes como ChatGPT en expertos rastreadores de la personalidad. «Nuestra forma de ser se refleja en el modo que escribimos y hablamos. Por lo tanto, la inteligencia artificial debería ser capaz de analizar un texto y detectar rasgos de la personalidad de su autor», declaró Rotem Monsa, la autora principal del estudio. Para probar si esto es cierto, los investigadores han utilizado ChatGPT-4 para generar dos test de personalidad diferentes basados en cuestionarios psicológicos típicos. El primero, utilizó extractos del DSM-5, la herramienta de diagnóstico comúnmente utilizada por los psicólogos clínicos para detectar patologías. Además, se generó otro cuestionario basado en preguntas de textos astrológicos sin valor científico predictivo. Por ejemplo, ChatGPT analizó las definiciones de DSM-5 sobre la paranoia. Después, elaboró preguntas destinadas a los usuarios del tipo: «Del 1 al 5, ¿cuánto te identificas con esta frase?: A menudo sospecho de los verdaderos motivos de las acciones de los demás». El cuestionario de control elaboraba preguntas similares pero basadas en horóscopos y cartas astrales.
Después de que la IA generara ambos cuestionarios se reclutó a 600 voluntarios para que los respondieran. Además se les pasó por el conocido BFI (Big Five Inventory), el test más utilizado para determinar cinco rasgos de la personalidad: extraversión, experiencia, responsabilidad, amabilidad y neuroticismo.
Los cuestionarios generados con ChatGPT a partir de las bases de textos de DMS-5 fueron capaces de determinar rasgos de personalidad con una gran fiabilidad. Por ejemplo, fueron capaces de establecer correlaciones psicológicas como que una persona que evita expresarse suele ser introvertida. Pero lo más importante es que, además, coincidieron bastante con los resultados de los test BFI profesionales. Como era de esperar, los test generados con recursos de astrología no mostraron ninguna eficacia a la hora de hallar rasgos de personalidad en un voluntario.
En cualquier caso, a pesar de las diferencias de éxito, ambas herramientas fueron capaces de predecir factores como la depresión, la ansiedad y el bienestar. Los expertos sugieren que esto se debe a que, aunque las cartas astrales no son una herramienta válida para hacer un análisis psicológico, el modo en el que nos comunicamos o relacionamos con ellas sí deja huellas de nuestra forma de ser que pueden ser interpretadas por un modelo LLM como ChatGPT. En otras palabras, la IA es capaz de aprender a «leer» los mensajes ocultos que emitimos cuando hablamos o escribimos de manera similar a como lo hace un echador de cartas experimentado.
Pero lo más sorprendente del experimento estaba por llegar: ChatGPT no sólo es capaz de interpretar las respuestas de un test sino que puede predecir el resultado incluso antes de que la prueba se haya completado. La IA puede anticipar correlaciones y resultados y, por lo tanto, inferir personalidades, a partir de la experiencia acumulada en contacto con una persona. ChatGPT tiene una capacidad innata de comprender las dinámicas de personalidad de un individuo.
«El hecho de que la IA pueda predecir patrones de respuestas antes de ver un solo resultado sugiere que los algoritmos han aprendido a detectar características personales en los usuarios y las introducen en el modo de comunicarse con ellos. Nuestra investigación demuestra que ChatGPT no es solo un buen generador de contenido, sino que puede evaluar relaciones psicológicas provocadas por ese contenido», explicó la doctora Monsa.
Con los datos del estudio en la mano podría avalarse el uso de IA para generar test psicológicos de alcance profesional pero, sobre todo, se abre una inquietante posibilidad: ¿ChatGPT está aprendiendo a conocernos mejor incluso que nuestro psicólogo?