Bendita obligación
Gracias a mi padre, crecí escuchando los domingos el Carrusel Deportivo en las interminables retenciones de vuelta de nuestras excursiones dominicales. Y desde hace 27 años comparto mi vida con un marido y tres hijos futbolistas, por ende, tremendamente futboleros. He conocido la cara menos amable de este deporte: los gritos y las faltas de respeto en la grada o sobre el césped; Su cara más amarga: las lágrimas por una lesión que te impedirá jugar los siguientes partidos, la frustración de ver pasar los minutos desde el banquillo. Читать дальше...