Cuando nos da, nos da. Así somos en este país y así se lo estoy contando. Durante décadas –siglos– nadie hablaba de la(s) locura(s) humana(s), de la salud mental (como se apunta ahora), tal vez por temor a ser señalado, pero de un tiempo a esta parte no paramos de aludir o de sentirnos aludidos por una u otra ida de olla. Nadie salía del armario para gritar a los cuatro vientos que está loco, que se le ha ido la pinza y que necesita ayuda, y ahora nos sobrecoge un aluvión de casos, de experiencias que van del delirio a lo delirante y dramático.